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EL ALTO HONOR DE SER DELEGADO AL XX CONGRESO DEL PPS DE MÉXICO

• Cuauhtémoc Amezcua Dromundo

Camaradas del Partido Popular Socialista de México:

El Congreso es la máxima autoridad de nuestro Partido y tiene plenos poderes. Se integra con los delegados, que serán, en este caso, todos los miembros del actual Comité Central y todos los compañeros del Partido que resulten electos delegados al Congreso en sus respectivas Asambleas Estatales y/o regionales.

El Congreso tiene la facultad de discutir el Informe Político que le rinde el Comité Central y aprobar la resolución correspondiente. Puede aprobar modificaciones a los documentos básicos del Partido, su Declaración de Principios, Programa y Estatutos, cuando lo considere conveniente. El Congreso es el organismo del Partido que determina su línea política general. Además, elige al Comité Central, que es la máxima autoridad entre congreso y congreso, y determina el número de miembros que lo integran. Todo esto lo vamos a hacer en este XX Congreso que debe ser uno de los más significativos en la historia de nuestro Partido que ya cumplió 60 años de luchar por la liberación de México respecto del imperialismo y por construir una sociedad superior, sin explotados ni explotadores, una sociedad socialista y comunista.

Es un alto honor y una enorme responsabilidad, ante nuestra clase social, ante nuestro pueblo y ante la historia de nuestra Patria, ser delegado a un Congreso de Nuestro Partido, pero más todavía en ciertos momentos históricos concretos.

Éste, nuestro XX Congreso, debe ser uno de los Congresos más significativos, como lo fue el de su fundación, del 20 de junio de 1948, entonces con el nombre de Partido Popular. Como lo fue el de octubre de 1960 -entonces denominado Tercera Asamblea Nacional- que decidió su transformación de Partido Popular a Partido Popular Socialista, y el hecho de que enarbolara desde entonces los principios del materialismo dialéctico e histórico, y pasara a ser un partido de clase, de la clase obrera. Como lo fue la reposición del XVIII Congreso, de 1997, que tomó la decisión de desconocer por su naturaleza espuria el que originalmente pretendió llevar ese numeral, pero fue asaltado y anulado en sus objetivos, por el grupo corrompido y oportunista que traicionó al lombardismo y quiso entregar al Partido en las manos de la burguesía neoliberal, entreguista al imperialismo. La reposición del XVIII Congreso, al resolver rescatar nuestro glorioso Partido, garantizó la continuidad de la vigencia de sus principios y sus objetivos históricos, y retomó el camino de evitar que se anquilosaran, de ponerlos en consonancia con la realidad de nuestra etapa, de fines del siglo XX e inicios del XXI; en ese doble esfuerzo radica su significación histórica. Y el XIX Congreso, que dio continuidad a los esfuerzos iniciados en la reposición del XVIII, y que tomó la determinación de un segundo cambio de nuestra denominación, luego de la de 1960, para en lo sucesivo llamarnos Partido Popular Socialista de México.

Éste será, pues, el XX Congreso del mismo partido histórico, el Partido Popular-Partido Popular Socialista-Partido Popular Socialista de México, que es una única organización que ha evolucionado y se ha transformado según lo han exigido las condiciones de la lucha de nuestra clase y de nuestro pueblo, para estar siempre al día encabezando el combate histórico por la transformación profunda de nuestra sociedad.

De seguro, todos los compañeros que serán delegados ya habrán leído y estudiado de manera individual y colectiva el Informe Político y los Proyectos de Modificación a los Documentos Básicos.

El XX Congreso, como se dice en la introducción del Informe Político, se propone analizar con rigor metodológico el contexto económico, político y social de nuestros días, en México, en América Latina y el mundo; definir las tendencias, valorar la correlación de fuerzas en la lucha de clases, examinar las condiciones internas de la vida de nuestro partido, y asegurarse de que sean adecuadas para enfrentar en óptimas condiciones la fase que viene, que se percibe compleja. Todos sabemos que el sistema capitalista mundial ha entrado en una nueva crisis cíclica, una crisis de súper producción relativa, quizá la más aguda de toda la historia de ese sistema social. Sus repercusiones son todavía impredecibles. Pero suceda lo que suceda con esta crisis en particular, el sistema como tal está condenado a su desaparición histórica de manera irremediable, nada lo puede evitar. Porque nada es eterno ni permanece estático, sino que todo nace, crece, envejece y muere, sin remedio. Así es todo en el universo, sin excepción; así sucede también con la materia viva con todas sus diversas formas, y asimismo con la organización social que ha ido tomando diversas modalidades a lo largo del tiempo: Todo cambia, todo se transforma sin que eso pueda evitarse. Y porque, en concreto, el modo capitalista de producción lleva en su seno contradicciones que no tienen solución, las que fueron puestas al descubierto por el genio de Carlos Marx y Federico Engels, hace ya más de siglo y medio, sin que los ideólogos al servicio del capitalismo los hayan podido refutar, por más esfuerzos que han hecho.

Pero además, en nuestro caso, siendo México un país subordinado en el sistema capitalista mundial de nuestro tiempo, que se integra por potencias imperialistas y países dependientes, como el nuestro, en las últimas décadas ha estado inmerso en su propia crisis que ya también se ha vuelto insalvable, por la explotación a que el imperialismo lo ha sometido que ha sido extrema, sobre todo en los últimos 26 años, la etapa de los gobiernos neoliberales que se inició con Miguel de la Madrid y siguió con Salinas, Zedillo, Fox y Calderón.

Llegamos así a un momento en el que las contradicciones en el seno de nuestra sociedad capitalista dependiente llegaron a una muy alta agudización, por lo que se puede afirmar que hoy existen las condiciones objetivas para un cambio profundo, revolucionario, cuyo desenlace será la conquista de la independencia plena, económica y política de México, por la que tanto hemos luchado. Esto ya sucedía, al margen de la crisis mundial de la que tanto se habla hoy en día. Pero esta crisis mundial del sistema capitalista concreta, repercutirá en una agudización mayor todavía de nuestras contradicciones, mucho más de lo que suceda en las sociedades capitalistas llamadas de alto desarrollo.

De ahí la enorme responsabilidad de este XX Congreso. Debe hacer frente a este momento histórico concreto, que es excepcional. Debe hacer honor a nuestra herencia teórica que viene de Marx, Engels, Lenin y Lombardo, entre otros grandes pensadores marxistas. Debe poner a nuestro partido al día y prepararlo en todos los órdenes para que desempeñe la tarea que le corresponde en la creación de las condiciones subjetivas para el ingente cambio revolucionario de nuestra sociedad. Ni más, ni menos. Por eso, ser delegado a este XX Congreso constituye un honor aún más singular que en otros momentos y una responsabilidad aún mayor.

Ciudad de México, 21 de febrero de 2009.

 
 
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