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2008: 60 AÑOS DEL PARTIDO DE LA CLASE TRABAJADORA DE MÉXICO (VI)

Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo.
Primer Secretario del Partido Popular Socialista de México.

21. EL MUNDO EN EL MARCO DE LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL

El contexto internacional cambió drásticamente en el marco de la Globalización neoliberal. En vez de un mundo con dos conjuntos de fuerzas enfrentadas, en una especie de equilibrio inestable, que se dio durante la Guerra Fría, el imperialismo pasó a ser la fuerza dominante, sin que, en el concierto de las naciones, exista otra que le contrapese. El campo socialista mundial, otrora poderoso y en ascenso dinámico en los diversos órdenes de la vida pública, la Unión Soviética y el conjunto de los países que construían ese proyecto de organización socioeconómica, entraron en una fase de estancamiento, primero y luego de crisis, a causa de la acción del enemigo imperialista, pero también como resultado de errores propios, descuidos, abandonos y, sobre todo, traiciones cometidas desde adentro. A fin de cuentas, el área del socialismo se redujo dramáticamente, si bien nunca desapareció de la faz de la Tierra, como lo pretendieron inútilmente los imperialistas.

El imperialismo impuso entonces graves cambios en el mapa del mundo y en la correlación planetaria de fuerzas. El principal de estos cambios fue precisamente la eliminación del rival histórico del imperialismo, la Unión Soviética, que lo era sobre todo por su calidad de país en el que ya no existía la propiedad privada de los medios de producción y cambio, base material de la explotación de unos humanos por otros, y también porque la Patria de Lenin hacía enormes y muy significativos aportes a la transformación progresiva de toda la humanidad.

Desaparecido el proyecto socialista de la Unión Soviética, Bulgaria, la República Democrática Alemana, Hungría, Polonia, Rumania, Checoslovaquia y Yugoslavia, otro bloque de países que recibió también un golpe brutal, fue el de los que, en medio de su notoria diversidad, se habían agrupado con el rubro de los “No Alineados”. En general eran Estados que, igual que México, avanzaban buscando liberarse del imperialismo, en medio de dificultades múltiples, internas y externas. En la nueva situación, el imperialismo subordinó a casi todos –con excepciones, muy honrosas- sujetándolos con pesadas cadenas, e impuso a sus pueblos condiciones de explotación feroces y retrocesos terribles. México, que nunca fue miembro pleno de los “No Alineados”, aunque sí observador, también se vio inmerso en un proceso de subordinación al imperialismo que cambió radicalmente su rumbo histórico.

22. MÉXICO A PARTIR DE 1982: PROFUNDOS CAMBIOS REGRESIVOS ENMARCADOS EN LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL

En el marco de la Globalización neoliberal, en México, la burguesía proimperialista tomó el control de la vida pública y puso en marcha las políticas dictadas por el “mercado”, seudónimo que gusta usar el capital financiero y corporativo internacional. Con esto vinieron cambios profundos en la esfera de la economía: desde 1982 no ha habido nacionalización alguna, y sí numerosas privatizaciones de ramas fundamentales y estratégicas. De 1155 empresas del Estado, apenas queda ahora un puñado que los neoliberales no han podido privatizar, esto gracias a la intensa movilización popular, que ha ofrecido una resistencia que no han podido vencer. Nunca en nuestra historia había sucedido algo así; el alemanismo, antecedente más directo de la etapa neoliberal, nada nacionalizó, es cierto, pero tampoco consiguió devolver al capital privado ninguno de los importantes y numerosos bienes que habían pasado al dominio de la nación.

Hubo asimismo cambios en la distribución del ingreso -que se ha concentrado a partir de entonces de una manera acelerada, en detrimento de las mayorías-; también cambios en cuanto a las relaciones de producción, que se contraponen cada vez más con el desarrollo de las fuerzas productivas, y sumen al país en una crisis que por la vía del capitalismo dependiente no tiene salida; cambios en el ámbito de los derechos sociales de los trabajadores del campo y la ciudad, a los que se va regresando a la fase prerrevolucionaria de la dictadura de Porfirio Díaz, cuando se les negaba toda clase de potestades y vivían en la miseria.

Cambios regresivos en la superestructura jurídica, que ha abierto boquetes en la Constitución, a la que sin embargo todavía aspiran a cancelar y sustituirla por una a su gusto, puesto que la actual aun conserva principios y normas que constituyen obstáculos enormes para los fines del imperialismo. Cambios en cuanto a la vida democrática, que retrocedió hasta implantarse una verdadera dictadura de clase, de la burguesía subordinada al imperialismo y, detrás y por encima de ella, una dictadura de los capitalistas transnacionales, es decir, del propio imperialismo, puesto que éste es quien en verdad detenta el poder económico y el poder político de México, y lo hace cada vez más, en la medida en que avanza el proceso de la neocolonización del país. Cambios en el seno de los partidos políticos ligados a los intereses de la clase obrera: se fragmentaron hasta un grado sin precedentes. Cambios en la representación parlamentaria del pueblo de México, pues desde 1994 no forma parte de ella ningún partido de la clase trabajadora. Por eso vale preguntarse: ¿qué clase de “democracia” es ésta en la que, nuestra clase social, que es absolutamente mayoritaria, carece de representación en el Parlamento?

Cambios profundos en la correlación de fuerzas en México, puesto que el sector proimperialista y neoliberal de la burguesía desplazó a la burguesía nacional y, en los hechos, la aniquiló como fuerza significativa en la vida económica y política. Este sector de la burguesía había sido dominante políticamente desde Lázaro Cárdenas hasta fines de la década de los setentas –con la excepción del período del alemanismo-, y tenía contradicciones objetivas con el imperialismo, aunque eludía enfrentarlo de manera directa y, en vez de eso, le hacía frecuentes concesiones. Ésa, cuyas figuras más visibles fueron los presidentes Cárdenas, Ávila Camacho, Adolfo López Mateos, Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo, fue una burguesía sui géneris, no propietaria de medios de producción y cambio, sino administradora de los que constituían el sector estatal de la economía, surgido y desarrollado durante el período de asenso de la vía de las nacionalizaciones, y que llegó a ser muy poderoso. Esta burguesía sui géneris nació, creció y se desarrolló en la misma medida en que surgió, creció y se desenvolvió ese sector nacionalizado de la economía, y en la medida en que dicho sector tuvo en sus manos su administración. Y cuando fue desplazada del poder y perdió la función de administrar la poderosa economía estatal, también perdió con ello la fuerza, el perfil, los intereses y la mentalidad de clase que la caracterizó. Así fue como en los hechos dejó de existir como un sector significativo en el conjunto de las fuerzas partidarias del desarrollo independiente de México.

23. LA CRISIS DE NUESTRO PARTIDO Y SU RECONSTRUCCIÓN, POR LA VÍA TRAZADA POR MARX, ENGELS, LENIN Y LOMBARDO

En la década de los noventas, en el marco de la Globalización neoliberal, en el seno del partido se agudizaron contradicciones internas que se venían gestando de tiempo atrás y contenían ingredientes diversos: hubo problemas ideológicos y políticos; afloró el revisionismo por parte de algunos, que arguyeron que la desaparición de la URSS obligaba a poner en duda todo, desde los cimientos del pensamiento marxista; también afloró el sectarismo, en otros casos; asimismo hubo manifestaciones de dogmatismo y otras de oportunismo. Grupos de camaradas asumieron las concepciones terceristas de la socialdemocracia y otros se fueron a posiciones de infantilismo de izquierda, todo lo cual hizo imposible mantener la unidad del entonces llamado Partido Popular Socialista. Lo más lamentable es que también afloraron penosos asuntos de falta de honestidad y de ética, en que incurrieron antiguos compañeros; varios se apropiaron bienes del partido: casas, edificios, vehículos, cuentas bancarias, y hoy viven con holgura; otros recibieron recursos económicos y materiales por parte de elementos de la burguesía neoliberal y proimperialista, a cambio de compromisos insostenibles desde el punto de vista de un partido revolucionario, como el nuestro. Todo esto resultó en el desmembramiento del partido en varios fragmentos; algunos subsisten hasta hoy: dos de ellos, profundamente enemistados entre sí, comparten el antiguo nombre del PPS; otros tomaron nombres diferentes y posiciones ideológicas y políticas distintas. Varios antiguos dirigentes y militantes se alejaron de la lucha. No ha sido el único caso. Numerosos partidos hermanos, comunistas y obreros, de otros países, sufrieron daños parecidos.

En nuestro caso, frente a toda la desbandada que se produjo y ante los retrocesos en que incurrieron algunos grupos de antiguos camaradas, la Reposición del XVIII Congreso de nuestro Partido, en 1997, resolvió tomar con renovada fuerza y fidelidad los ideales y los principios del marxismo leninismo y los aportes del lombardismo, apartándonos de las concepciones dogmáticas y oportunistas en que incurrieron otros. Resolvió asimismo reconstruir al partido de la clase obrera de México. Todas estas decisiones fueron ratificadas y profundizadas por el XIX Congreso, celebrado en 2002, el cuál estimó necesario tomar distancia y evitar se nos confundiera con otras corrientes que, viniendo del mismo tronco común, sin embargo no asumieron decisiones parecidas a las nuestras: por eso nuestro partido tomó su nombre actual de Partido Popular Socialista de México.

20. EL PARTIDO HOY, EN PLENA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL, ESTÁ DECIDIDO A DESATAR UNA NUEVA REVOLUCIÓN Y LLEVARLA A LA VICTORIA

Nuestro partido considera que hoy, en plena Globalización neoliberal, la lucha por la independencia plena, económica y política de México, es más urgente que nunca, y que asimismo es más necesaria y apremiante la lucha por construir una sociedad superior, sin explotadores ni explotados. Observa, además, que hoy en día América Latina toda vive condiciones de ascenso de la lucha revolucionaria de sus pueblos por su emancipación, y sustenta que México no es la excepción. Sostiene que en toda la región han madurado las contradicciones objetivas, y que las condiciones subjetivas se están desarrollando, en cada país, según sus propias circunstancias y sus particularidades. Por tanto, el PPS de México lucha hoy en día con mayor decisión y entusiasmo que nunca, enarbolando sus ideales de siempre, los que le dieron origen y de los que jamás ha abdicado.

Sustentamos que en nuestro caso -y en toda América Latina y el Caribe- la perspectiva trazada por Lombardo de avanzar hacia regímenes de Democracia del Pueblo, antesala del socialismo, mantiene plena vigencia. Estimamos que para construir este régimen se requiere una serie de premisas. Que es necesario construir el bloque social que, en su momento, tomará la dirección de la vida pública. Y para edificarlo es menester convocar, aglutinar, cohesionar y fortalecer, en torno de la clase obrera y su partido, a un amplio conjunto de fuerzas en el que pueden participar todos los sectores y clases sociales dañados por el imperialismo.

En las condiciones de hoy, de saqueo creciente de los recursos de la nación, por el imperialismo, y de expoliación desmedida de la clase trabajadora y de otras capas populares de la población, día con día estallan movimientos de rechazo, de resistencia y de inconformidad popular en unos y otros lugares del país. Lo mismo sucede entre los trabajadores organizados en los grandes y combativos sindicatos, como los de los electricistas y los mineros, o los maestros de escuela, que entre los campesinos, a los que se ha llevado a la miseria más espantosa; lo mismo, entre los indígenas a los que se despoja de todos sus derechos y de los elementos indispensables para sustentar una vida digna, que entre las mujeres a las que se atropella como nunca en nuestra historia; y desde luego, entre los jóvenes, para quiénes cada vez está más nebulosa la perspectiva de satisfacer sus anhelos de superarse por medio del estudio, el deporte, la cultura y el ejercicio de una ocupación justamente remunerada; también entre los ancianos, a los que se priva de los derechos de jubilación, después de haber entregado sus vidas enteras a la producción de bienes, de los que a fin de cuentas se han apropiado los imperialistas y algunas capas minúsculas de la burguesía autóctona. Por todo eso estallan movimientos en todas partes, en el norte y en el sur, al este y al oeste; de carácter local, regional, gremial, nacional y que responden a problemas particulares que, sin embargo, tienen las mismas causas profundas. Porque es claro, como hemos dicho, que los problemas de los maestros de escuela no tienen solución por separado, como tampoco los que aquejan a los trabajadores electricistas, o a los mineros y metalúrgicos; a los campesinos ni a los indígenas de las más de cincuenta etnias mexicanas. Es claro que no hay salida para lo que angustia a los jóvenes ni para las dificultades que sufren los ancianos, las mujeres, los varones, si no se ataca la raíz de todos estos conflictos, el problema esencial: la intervención y el saqueo de que nos hace objeto, cada vez más, el imperialismo, es decir, el capital financiero y corporativo internacional.

Por eso es que nuestro partido está dedicado a interactuar con todas estas fuerzas, contribuyendo a que los diversos referentes de la lucha popular vayan llegando a la conclusión de que es necesario combatir, no ya únicamente a los enemigos particulares de uno u otro sector, de una u otra zona o región, sino a la clase social dominante en su conjunto -la burguesía subordinada- y todavía más, a la fuerza externa que sostiene a esta burguesía, sin cuyo soporte, ésta nada sería: el imperialismo. Y contribuyendo a que se desarrolle, por tanto, la conciencia sobre la necesidad de unir todas esas luchas particulares en una de carácter general, articulada y consciente, contra el imperialismo, por nuestra segunda y definitiva independencia y por el cambio de régimen, hacia una Democracia del Pueblo, antesala de una sociedad socialista.

Nuestro partido privilegia asimismo la batalla de ideas, con la convicción de que ésta es fundamental, no sólo porque es una herramienta formidable en la lucha contra los enemigos de clase y contra el imperialismo, a los que desenmascara y exhibe, sino también porque es el instrumento idóneo para el desarrollo de la conciencia de clase en los trabajadores y la cultura revolucionaria en el pueblo. El Partido Popular Socialista de México sustenta la convicción de que, como lo dijera Lombardo, quien gane la batalla de las ideas hoy, ganará el porvenir. Por lo mismo, nuestro partido contribuye en la medida de sus posibilidades, a la educación política, no sólo de los miembros del propio partido, sino de todos los integrantes del potencial bloque antimperialista, con el fin de fortalecer al colectivo de fuerzas y orientarlo hacia los objetivos de la liberación y, en su momento, hacia fines más avanzados desde el punto de vista de la transformación revolucionaria de la sociedad. Sustentamos que hoy más que nunca es válida la expresión de Lombardo en el sentido de que “necesitamos una nueva Revolución. Una caracterizada por grandes movimientos de masas, vigorosos, resueltos y entusiastas…” Los militantes del Partido Popular Socialista de México estamos decididos a desatarla y llevarla a la victoria.

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