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¿QUÉ ES EL PARTIDO POPULAR SOCIALISTA DE MÉXICO?
Fundado en 1948 por el dirigente obrero y pensador marxista Vicente Lombardo Toledano, el Partido Popular Socialista de México es un partido de la clase obrera, la clase social revolucionaria por excelencia, y de todos los trabajadores. Es un partido que sustenta una concepción del mundo y de la vida, con fundamento en la filosofía del materialismo dialéctico e histórico y en ella basa todos sus ideales, sus principios, su práctica social, científica, educativa y cultural. Por tanto, es un partido marxista-leninista que sustenta su actividad política en la ideología del socialismo científico. Un partido que lucha de manera infatigable por la liberación de México respecto del imperialismo, enemigo histórico de la nación. Un partido comunista que educa políticamente a sus miembros y al pueblo para garantizar el desarrollo progresivo del país, su cabal independencia y el triunfo del socialismo, que es una formación social de calidad superior. Un partido que agrupa, por su voluntad libremente expresada, a mujeres y hombres de la clase obrera, los campesinos y los intelectuales de México.
¿Cuál es su objetivo histórico?
El Partido Popular Socialista de México lucha por la transformación del régimen social injusto que prevalece en nuestro país, para sustituirlo por un sistema socialista y comunista en el que se expresen la más elevada fraternidad y el humanismo más consumado; en el que se hayan erradicado para siempre las contradicciones entre clases sociales, la discriminación de todos los tipos y la explotación de unas personas por otras. Reemplazar al régimen capitalista por el socialista y comunista, ésta es su finalidad histórica.
¿Cómo armoniza su objetivo histórico con su lucha por liberar a México del imperialismo?
Se trata de dos propósitos que son perfectamente compatibles; más todavía, están indisolublemente entrelazados en el caso de México. Hay que tener en cuenta, en primer término, que nuestro país ha pasado a ser una colonia económica del imperialismo; en segundo lugar, que sin independencia económica tampoco existe la independencia política y que mientras subsista tan oprobiosa situación, todo avance social significativo es imposible. En tercer lugar hay que considerar que así como dentro de los países capitalistas no dependientes, la principal contradicción se da entre la clase obrera y la burguesía de esos mismo países, en el caso de las naciones dependientes, la parte más aguda de la contradicción fundamental se da entre la clase trabajadora y el propio imperialismo. En éstas, por tanto, todo el esfuerzo de la lucha revolucionaria de la clase trabajadora debe enfocarse contra ese enemigo cardinal, que lo es también de todos los pueblos del mundo, hasta derrotarlo. La revolución hacia el socialismo en los países como México toma la forma, por tanto, de lucha por la liberación nacional, en una fase inicial.
Además, se da una retroalimentación por el hecho de que la independencia nacional, económica y política plena, no la puede alcanzar un país dependiente, en los tiempos actuales, si no se reorienta de manera oportuna hacia un régimen socialista. Esto sobre todo por la concentración y centralización del capital mundial en manos de un puñado de transnacionales, y por el poderío que representan las potencias capitalistas, tanto en lo militar como por el control que ejercen de los mercados del mundo. Esa enorme fuerza concentrada hace que fracasen las revoluciones de liberación nacional que se orientan hacia un proyecto capitalista independiente de desarrollo, y vuelvan a caer en la dependencia total. Así lo ha probado la experiencia histórica.
Resumiendo: el PPS de México postula la tesis de que la revolución de liberación nacional frente al imperialismo, en nuestros días, no es una que se diferencie en cuanto a sus fines últimos de la revolución socialista, ni están separadas entre sí por un lapso prolongado, como antes se decía, sino que constituyen un proceso revolucionario único, dialécticamente unido, algo así como dos tiempos de una misma sinfonía.
¿Dentro de ese proceso, juzga necesario tomar el poder?
Todos los partidos políticos, los de la clase obrera y los de la burguesía, tratan de llegar al poder y conservarlo, con el propósito de convertir los objetivos de la clase social que representan en normas de observancia obligatoria para todos los habitantes de un país. El Partido Popular Socialista de México considera necesario que la clase obrera alcance el poder, en efecto, para realizar su objetivo histórico de edificar el socialismo; y antes, en un primer tiempo, un amplio bloque social, plural y antimperialista –del cual debe formar parte la clase obrera- debe asimismo alcanzar el poder, para desde allí dar pasos firmes hacia la consolidación de la independencia nacional, instaurando un régimen de Democracia del Pueblo.
¿Qué debe entenderse por una Democracia del Pueblo?
Se trata de un eslabón entre la democracia burguesa dependiente que hoy existe en México y en la mayoría de países de América Latina y el Caribe, y el régimen socialista. Puede adoptar muy diversos aspectos concretos, dependiendo también de circunstancias particulares, pero tiene rasgos fundamentales que lo distinguen:
a) La burguesía proimperialista, la oligarquía y sus aliados, son desplazados del poder por un bloque social plural por cuanto a las clases y sectores sociales que lo forman: representantes de la clase obrera, de los campesinos, de la intelectualidad avanzada, la pequeña burguesía rural y urbana y de la burguesía nacional, bajo la dirección de la clase obrera.
b) Este régimen se concentra en la tarea de independizar al país con respecto del imperialismo, por medio de una política de nacionalizaciones muy activa; de una política económica orientada a desarrollar las fuerzas productivas de la nación con independencia de las transnacionales y de las grandes potencias capitalistas; de una política internacional independiente, soberana, antimperialista y solidaria con los pueblos del mundo que luchan contra el mismo enemigo común; de una política hacia la unidad, en el caso de nuestra región, con los demás países de América Latina y el Caribe, por medio de mecanismos tales como el ALBA –Alternativa Bolivariana de las Américas- que impulsen el proceso emancipador y el desarrollo de todo el subcontinente; de una defensa firme de los recursos naturales de nuestro territorio, para evitar que se apoderen de ellos los capitales transnacionales, y para evitar su contaminación y el deterioro ambiental. Además de todo lo anterior, un régimen de democracia del pueblo lleva adelante un proceso de distribución de la riqueza y el producto nacional entre las distintas clases sociales que, sin ser todavía socialista, tampoco sea agudamente injusto como el que se vive bajo el capitalismo dependiente; defiende los derechos y las conquistas sociales de los obreros y los campesinos; promueve por todas las vías a su alcance la elevación del nivel de vida, material y cultural de las masas, e incrementa la participación directa de todo el pueblo en la toma de decisiones, sobre todo las trascendentales, profundizando así la democracia, que pasa a ser muy superior a la que existe en los regímenes capitalistas, cualquiera que sea su nivel de desarrollo.
c) El régimen de Democracia del Pueblo constituye la antesala del socialismo, fase a cuya edificación llega en un tiempo relativamente corto, como resultado de su propia dinámica y de un proceso complejo de lucha que se libra simultáneamente en varios planos: el internacional y el nacional, contra el imperialismo y sus aliados y servidores, y en el plano interno, entre las fuerzas más avanzadas del propio régimen de Democracia del Pueblo, y otras fuerzas aliadas que, participando en dicho régimen, sin embargo no son partidarias de avanzar más, al socialismo. Procesos de construcción de Democracias del Pueblo, como fenómeno general, se están dando hoy mismo en diversos países a América Latina, si bien en cada caso van adoptando nombres específicos que provienen de lo particular y, desde luego, van dándose con particularidades distintas.
La Democracia del Pueblo, cómo régimen de tránsito entre el que ahora tenemos, de una falsa democracia cuyo objetivo es el de dar apariencia de legítima a la dependencia creciente de nuestro país respecto del imperialismo, y el sistema socialista, forma parte esencial de la concepción del PPS de México sobre nuestra vía al socialismo, que ha sustentado a lo largo de su historia.
¿Por qué razones, este partido ha trazado su concepción propia sobre la vía para la transición al socialismo?
Porque el marxismo no es un recetario preelaborado, sino una guía para la acción; esto significa que ni Marx, ni Engels, ni Lenin, ni otros pensadores y dirigentes pretendieron decir qué habría que hacer en concreto en todas partes ni en todos los tiempos para transformar las sociedades capitalistas en otras más avanzadas, socialistas y comunistas. En una realidad múltiple, compleja y cambiante, como la concibe el marxismo, una pretensión de ese tipo resultaría absurda. La Revolución Socialista es única por su contenido, pero múltiple por sus formas; por eso, los partidos de la clase obrera, como el PPS de México, no pueden copiar y aplicar mecánicamente experiencias de otros países ni de otros momentos de la historia, por exitosas que hayan sido; hacerlo sería incurrir en un grave error que estaría condenado al fracaso. En estas circunstancias, todos los partidos de la clase obrera del mundo tienen como una de sus principales tareas la de trazar y precisar su concepción particular sobre la vía para la transición revolucionaria al socialismo, cada uno respecto de su propio país. Así lo hace el Partido Popular Socialista de México, en nuestro caso.
¿Qué relaciones mantiene con los demás partidos comunistas y obreros del mundo?
De plena hermandad y solidaridad. Son relaciones que se fundan en el principio del internacionalismo proletario y que unen a partidos hermanos que luchamos todos por los intereses de una misma clase social, la clase obrera; a diferencia de la burguesía, la clase trabajadora no abriga ambiciones de dominio territorial ni económico sobre otros países; los pueblos del mundo, todos, somos hermanos, igual que nuestros partidos. Por lo que se refiere a su línea política, estratégica y táctica, concepción de vía nacional hacia el socialismo y, en general, todas sus decisiones, cada partido es autónomo; no existen lazos de dependencia de índole alguna de ningún partido con respecto de otro.
¿Y qué relaciones, con respecto de otros partidos en México, que también se proclaman socialistas y comunistas?
A todos los vemos con el mismo espíritu fraternal. Sustentamos el ideal de unificar nuestras luchas al máximo posible, con todos los partidos y agrupaciones que se asuman como enemigas del capitalismo y partidarias de la construcción de una sociedad socialista. Consideramos que con todos podemos practicar la unidad en la acción y, por la vía del diálogo fraternal y constructivo y del debate de ideas, superar las diferencias y avanzar hacia la construcción de una misma línea política, de una estrategia y una táctica común y de una concepción igualmente compartida con respecto a la vía mexicana al socialismo. Una vez construida así, la unidad ideológica y política, vemos viable avanzar hacia la unificación orgánica.
¿De qué herramientas dispone un partido como el PPS de México para trazar su concepción sobre la vía al socialismo?
Además del conocimiento y aplicación de los principios del marxismo leninismo, que son de índole general, otras herramientas indispensables de las que se sirve nuestro partido son el conocimiento profundo de la historia y la idiosincrasia del pueblo mexicano, de su personalidad; la interpretación fundada del momento histórico que se vive en la actualidad y de la correlación de fuerzas que existe en el plano internacional y en el interno; la valoración cuidadosa del grado de maduración que han alcanzado las contradicciones objetivas y las condiciones subjetivas. Con todos estos elementos, el PPS de México trazó su concepción de la vía concreta para el tránsito al socialismo, así como su línea estratégica y táctica.
¿Qué se entiende por contradicciones objetivas, y qué por condiciones subjetivas?
Las contradicciones objetivas son las que se dan, por su propia naturaleza, en toda sociedad dividida en clases sociales antagónicas. A lo largo de la historia de la humanidad, hablando en términos generales, ha habido diferentes estadios del desarrollo a los que también se ha llamado modos de producción o formaciones sociales. En los primeros tiempos existió la comunidad primitiva o comunismo primitivo; en esta antigua formación social no había clases sociales antagónicas. Pero más tarde existió la sociedad esclavista, la primera dividida con dos clases antagónicas, esclavistas y esclavos; luego vino el régimen feudal, con los señores feudales y los siervos, y posteriormente, el modo capitalista de producción, en el que vivimos hoy en día, cuyas clases antagónicas son los capitalistas -o clase social burguesa- y los trabajadores asalariados, o clase obrera o proletaria.
Desde la sociedad esclavista en adelante, hasta la sociedad burguesa actual, todas han tenido contradicciones congénitas que se producen por la forma en que se relacionan una y otra clase social; por la forma en que cada tipo de sociedad produce y por la forma en que distribuye lo que produce, entre sus miembros, según la clase social a la que pertenecen. A este tipo de contradicciones se les llama objetivas porque se dan en la realidad, al margen de la conciencia de las personas; es decir, independientemente de que éstas estén concientes o no lo estén, de que tales contradicciones existen. Las contradicciones objetivas tienden a irse agudizando cada vez más, con el transcurrir del tiempo y el envejecer de cada régimen histórico o formación social, en un fenómeno de acumulación, hasta que alcanzan una agudización máxima que marca la fase de agotamiento del régimen de que se trate. Según la concepción marxista, cuando esto sucede, han madurado las condiciones objetivas para el cambio revolucionario, que implica el surgimiento de un nuevo régimen social en reemplazo del anterior, un salto súbito a una formación social superior.
Pero no basta con que el viejo régimen social y económico haya envejecido al máximo y agotado, por tanto, sus posibilidades de reproducción material, para que se dé el cambio a una sociedad superior. De acuerdo con la concepción marxista, es necesario además que confluya un segundo elemento indispensable: el de la maduración de las condiciones subjetivas, que consisten en el desarrollo de la conciencia de la clase obrera, de su cultura revolucionaria, y de un alto grado de organización y disciplina, en el caso de la revolución que reemplaza al capitalismo por el régimen socialista.
¿Por qué razón, el PPS de México, entre sus actividades, concede especial importancia a la batalla de las ideas y a la educación política?
La batalla de las ideas es fundamental, no sólo porque es una herramienta formidable en la lucha contra los enemigos de clase y contra el imperialismo, a los que desenmascara y exhibe, sino también porque es el instrumento idóneo para el desarrollo de la conciencia de clase en los trabajadores y la cultura revolucionaria en el pueblo. Por esto mismo, la batalla de las ideas es un elemento básico para la maduración de las condiciones subjetivas, es decir, para la construcción del sujeto revolucionario que habrá de ser el autor y ejecutor del cambio del actual régimen injusto por uno superior, y es parte medular de la educación política que el partido imparte a sus miembros y a las masas populares, con el fin de crear y multiplicar los cuadros revolucionarios pensantes de alto nivel. El Partido Popular Socialista de México sustenta la convicción de que, como lo manifestara Vicente Lombardo Toledano, quien gane la batalla de las ideas hoy, ganará el porvenir.
¿Por cuál vía considera el PPS de México que debe alcanzarse el poder? ¿La lucha armada? ¿La lucha electoral? ¿La movilización de las masas? ¿Alguna combinación?
Todas las vías son posibles, dependiendo de las condiciones concretas; ninguna puede ser declarada a priori como la única posible o conveniente; ninguna debe ser desechada de manera generalizada ni por adelantado. La vía de las armas ha sido utilizada con éxito por el pueblo mexicano en momentos decisivos de su historia, como la Independencia, la Reforma y la Revolución de 1910; los pueblos hermanos de América Latina y el Caribe, nuestra región, también han ejercido la acción armada en su larga lucha por liberarse. Pero no es la única vía válida: un proceso revolucionario de cambio de clase social en el poder puede llevarse a cabo, asimismo, sin empuñar las armas: puede ser por procesos electorales, lucha parlamentaria, huelga general, movilizaciones de las masas u otros medios. Pueden darse combinaciones de todo tipo y en la historia se han dado. Escoger una vía concreta o una combinación determinada depende de las condiciones específicas del momento y el lugar de que se trate.
El PPS de México estima que en nuestro país, en el momento actual, no hay las condiciones para que la lucha por la vía de las armas tenga éxito. La experiencia demuestra que los pueblos abrazan la lucha armada solamente cuando todas las posibilidades para transformar la realidad por medios no armados se les cierran. En nuestro caso, la forma de la lucha que en las circunstancias de hoy tiene mayores posibilidades de lograr avances significativos, es la movilización de las masas que, por otra parte, ahora mismo está siendo desarrollada por varios de los pueblos de América Latina y el Caribe, con gran éxito.
¿Por qué el PPS de México proclama ser un partido de la clase obrera?
Los partidos políticos se clasifican de acuerdo con la clase social a la que sirven porque, en una sociedad dividida en clases como la nuestra –la clase propietaria de los medios de la producción económica, que acumula fortuna sobre la base de la explotación de los trabajadores, y la integrada por los propios trabajadores, que viven del fruto de su esfuerzo, sea manual o intelectual- los partidos, todos, están del lado de una u otra de las clases sociales, cuyos intereses defienden. Ésta es la característica fundamental que define a los partidos políticos, porque sus otros aspectos son secundarios.
Por eso, aunque puedan llegar a ser numerosos, los partidos se clasifican, en lo esencial, en sólo dos apartados: partidos de la clase explotadora, denominada burguesía, y partidos de la clase obrera o clase trabajadora. Los de la burguesía tienen por costumbre esconder su identidad clasista, declarando que representan a todo mundo por igual; pero es un hecho que no pueden existir partidos que defiendan a las dos clases sociales al mismo tiempo, porque sus intereses son antagónicos. El PPS de México, por su parte, proclama con legítimo orgullo que es un partido de la clase obrera porque su identidad e intereses son los del pueblo trabajador, no de los explotadores del pueblo.
¿Y por qué declara que es marxista-leninista?
La ideología del socialismo científico, que sustenta el PPS de México, tuvo como iniciador a Carlos Marx –de quien tomó el nombre de marxismo- y a Federico Engels. Pero el marxismo se ha ido enriqueciendo y desarrollando como resultado de la experiencia de la lucha de la clase trabajadora del mundo, y gracias también a los aportes de otros destacados pensadores al servicio de la clase trabajadora. Vladimir Ilich Lenin hizo aportaciones de valía al marxismo en varios aspectos; entre otros, en uno fundamental: lo puso al día al aparecer un nuevo fenómeno que no existía en los tiempos de Marx y Engels: el imperialismo. La ideología del socialismo científico pasó a llamarse, por tanto, marxismo-leninismo, y ha seguido siendo enriquecida y desarrollada por nuevos aportes de dirigentes notables y, sobre todo, por la experiencia de las luchas revolucionarias de los pueblos del orbe durante el siglo XX y los inicios del XXI.
El postulado marxista de que la clase revolucionaria por excelencia es la clase obrera, ¿cómo compagina con el planteamiento de un bloque social plural para la liberación nacional respecto del imperialismo?
Algunos autores, para explicarse los procesos revolucionarios que se han dado y se dan hoy en día en América Latina, en los que el sujeto activo fundamental no es la clase obrera, han postulado tesis como la de que “la clase obrera ya no es la clase social revolucionaria por excelencia”; “que han surgido nuevos actores”, y otros incluso han dicho que “tal vez nunca lo fue”. El PPS de México no comparte tales opiniones. El hecho de que la clase obrera no sea la que actúa de manera fundamental en las luchas revolucionarias de nuestros pueblos durante una larga etapa de nuestra historia, la entiende de una manera sencilla: en su proceso de desarrollo, nuestros pueblos llegaron tardíamente a la industrialización y muchos otros no han llegado todavía sino de una manera precaria, por lo que en esencia siguen estando en la etapa preindustrial. Por eso mismo, no existe una clase obrera desarrollada cuantitava ni cualitativamente –puesto que ésta surge con la industrialización- que pueda encabezar las luchas; tampoco son batallas contra una burguesía interior, que tampoco existe como clase social nacional típica ni plenamente desarrollada. Nuestras revoluciones son campesinas, indígenas o de otros sectores -a los que no se les puede llamar con propiedad “nuevos” actores- y enfrentan oligarquías terratenientes, más que burguesías propiamente dichas, o a otros sectores serviles de capitales externos.
De la adecuada comprensión de la fase de desarrollo en que se encuentra nuestra región desde el punto de vista del desenvolvimiento de sus fuerzas productivas y, asimismo, de su composición clasista y de sus contradicciones principales, se llega a la conclusión de que, por una parte, el postulado de Marx, de que la clase obrera es la clase revolucionaria por excelencia, es plenamente vigente; por eso, su papel es fundamental en la lucha revolucionaria por nuestra independencia respecto del imperialismo, si bien no puede asumirla sola, porque no es la única clase ni el único sector social con contradicciones profundas con respecto a ese enemigo; y además, porque ella sola carece de la fuerza suficiente para vencerlo. Por eso, en ese momento de la lucha, el sujeto revolucionario es plural: lo integran las diversas clases y sectores sociales enfrentados con el imperialismo, con una decidida participación de la clase obrera y bajo su dirección. Y en el otro momento subsiguiente de la lucha revolucionaria, cuando ésta eleva su objetivo hacia la construcción del socialismo, entonces la clase obrera asume de un modo pleno y directo su propio papel revolucionario.
Como se ve, se trata de dos momentos de un mismo proceso revolucionario, en las condiciones de los países dependientes, como los de América Latina.
¿El cambio revolucionario en nuestro país está cerca?
Ya existen las condiciones objetivas para la revolución en México, y en general, en América Latina y el Caribe; en este sentido podría estimarse que estamos cerca; pero aquí no existen las condiciones subjetivas todavía. En otros países de la región, el proceso de formación del sujeto promotor del cambio ha avanzado más. Este sujeto ha sido capaz de derrocar gobiernos de la oligarquía y de la burguesía proimperialista en varios lugares en los últimos años, a base de movilizaciones enormes de masas, que en México no alcanzan proporciones equivalentes. Pero en México no existe aún el sujeto de la revolución con conciencia de clase y con conciencia antimperialista, con suficiente organización, con la disciplina necesaria. El partido tiene la tarea prioritaria de contribuir a formarlo a la brevedad posible. A esta tarea dedica su principal esfuerzo.
El PPS de México, ¿participa o no en las elecciones?
Aunque no considera que los procesos electorales constituyan la única forma válida de la lucha revolucionaria, el partido no es enemigo de ellos. Ha intervenido en elecciones a lo largo de su existencia y, consecuentemente, ha participado en la lucha parlamentaria en numerosas legislaturas, federales y locales, llegando a librar y a ganar batallas muy significativas a favor de la clase social a la que sirve, e impulsando la liberación económica y política de México, la elevación del nivel de vida del pueblo y la construcción de un régimen democrático de verdad.
Hoy en día, el PPS de México no participa en elecciones. Para hacerlo, existe el requisito jurídico de contar con un registro electoral. Al partido, ese registro le fue anulado en dos ocasiones, ambas ya en la etapa neoliberal: en 1994 y en 1997, cancelándose así la viabilidad de la representación de la clase obrera en el Parlamento y dejando a ese cuerpo como monoclasista, con la sola participación de los representantes de la burguesía, con varios partidos que no se diferencian por cuestiones de fondo sino apenas de matiz. En la primera de estas veces, la arbitrariedad cometida por las autoridades electorales contra el partido de la clase obrera ni siquiera guardó las apariencias de respetar la legalidad, por lo que quedó a la vista de todos.
¿Por qué razones no ha recuperado su registro electoral?
La Constitución y las leyes electorales han sido reformadas varias veces con una orientación antidemocrática, estableciendo en ellas -y en prácticas extrajurídicas cuyo uso se ha vuelto cotidiano- exigencias imposibles de cumplir por un partido de la clase trabajadora para obtener el registro electoral, conservarlo y competir con los grandes partidos de la burguesía. De esta manera, la participación electoral se ha vuelto un privilegio al que tienen acceso solamente quienes pueden disponer de cuantiosos recursos para ese fin: los partidos y candidatos de la burguesía. Por esa misma razón, el proceso electoral ha dejado de ser viable, por ahora, para un partido revolucionario como el PPS de México.
¿Siempre ha tenido el partido, el mismo nombre?
No, el partido ha tenido tres denominaciones a lo largo de su historia, que han correspondido a tres etapas de su existencia: Partido Popular, desde su fundación el 20 de junio de 1948, hasta 1960. Partido Popular Socialista, de 1960 a 2002 y, desde entonces, Partido Popular Socialista de México.
¿Por qué razones cambió de Partido Popular a Partido Popular Socialista?
Al momento de su fundación, en 1948, surgió como un gran movimiento popular en el que concurrían elementos de distintas clases sociales que enarbolaban, por lo mismo, diversas concepciones filosóficas, pero que coincidían en los objetivos de mejorar las condiciones de vida del pueblo, ampliar el régimen democrático y lograr la plena independencia nacional, económica y política, con respecto del imperialismo. Su nombre inicial de Partido Popular corresponde a su formación clasista y a sus objetivos. Esos rasgos que distinguieron al Partido Popular no fueron fortuitos ni ajenos al marxismo; por el contrario. La concepción del nuevo partido, de su conformación clasista plural, de su programa y sus objetivos, de su línea estratégica y táctica, todo ello fue el resultado de un examen profundo de la realidad de México en aquel momento histórico, en cuya discusión participaron todas las corrientes marxistas que había en la época. Pocos años después, la dinámica de los acontecimientos en la arena del mundo y en México, y la maduración interna del propio partido, fueron los factores que abrieron la discusión de nueva cuenta, ahora en el seno del partido, sobre si éste debería convertirse en un partido marxista leninista pleno. Este debate duró cinco años, de 1955 a 1960, y culminó con una transformación profunda de su Declaración de Principios, Programa y Estatutos y su conversión en un partido de clase, de la clase obrera, que postuló como su objetivo histórico la construcción del régimen socialista; consecuentemente, modificó su nombre a Partido Popular Socialista. Siendo desde entonces un partido comunista, no adoptó ese nombre por varias razones, entre otras, la de evitar confusiones puesto que por entonces existía otro partido que así se llamaba, Partido Comunista Mexicano, que había sido fundado muchos años atrás, en 1919 y que luego desapareció, cuando sus miembros consideraron que no querían seguir enarbolando un proyecto socialista y comunista.
¿Por qué cambió su nombre a Partido Popular Socialista de México?
En la década de los noventas, en el marco de la Globalización neoliberal, de la destrucción de la Unión Soviética y el colapso del proyecto socialista que allí se construía –como también en varios otros países de Europa-; en el marco asimismo de los retrocesos graves que se desataron en nuestro país al enquistarse en la dirección de la vida pública la burguesía proimperialista y neoliberal, y de la confrontación violenta del partido con el gobierno profundamente reaccionario y entreguista de Carlos Salinas de Gortari, en el seno de nuestro partido se agudizaron contradicciones internas que se venían gestando de tiempo atrás. Estas contradicciones implicaron ingredientes diversos, unos de orden ideológico, otros, político; hubo ingredientes de sectarismo, de dogmatismo, de revisionismo y de oportunismo, y también se conocieron penosos asuntos relacionados con la falta de honestidad y de ética personal -y sobre todo revolucionaria- de individuos y grupos; todo esto resultó, a fin de cuentas, en el desmembramiento del partido en varios fragmentos. Frente a la desbandada y los retrocesos que se presentaron por parte de grupos de antiguos camaradas, la Reposición del XVIII Congreso de nuestro Partido, celebrado en 1997, decidió retomar los ideales y los principios del marxismo leninismo con toda decisión y sin titubeos, y enarbolar de nueva cuenta los aportes del lombardismo de manera creadora, ya no dogmática ni oportunista. Estas decisiones fueron ratificadas y profundizadas por el XIX Congreso, de 2002. Este último, además estimó necesario tomar distancia de otras corrientes que, viniendo del mismo tronco común, no asumieron decisiones parecidas; para ello tomó, a partir de entonces, el nombre actual de Partido Popular Socialista de México.
No obstante la gravedad de lo sucedido, nuestro partido ha resuelto mantenerse dispuesto al diálogo, siempre y cuando sea sobre la base de los principios de la lucha revolucionaria, con grupos e individuos provenientes del mismo tronco partidario; dispuesto al trabajo de unidad en la acción y con posibilidades de avanzar hacia formas superiores de la unidad en defensa de los intereses y objetivos del pueblo y la nación mexicana.
El PPS de México, ¿comparte el postulado según el cuál otro mundo es posible?
Sí, otro mundo, y otro México también, desde luego. Un país, hablando de nuestro territorio que es el ámbito concreto de nuestro trabajo revolucionario, que sea plenamente independiente y soberano en el corto plazo, libre de toda atadura con respecto del imperialismo, habitado por un pueblo que ejerza por sí mismo la dirección de la vida pública y, como diría Lombardo, que goce de acceso pleno a los bienes de la civilización y la cultura. Un pueblo que haya dejado atrás el régimen oprobioso e injusto que padecemos; que desarrolle una Democracia del Pueblo y avance a paso firme hacia el sistema socialista y comunista. A esa tarea estamos dedicados sin desmayo, a transformar el nuestro en un país que contribuya a la existencia de un mundo superior, en el que la Humanidad se haya liberado para siempre de sus contradicciones milenarias entre unos y otros seres humanos, entre unas y otras clases sociales y también de sus contradicciones con respecto a la Naturaleza.
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