Editorial del Movimiento de Liberación nacional, MLN
El 17 de octubre fue declarado día internacional para la erradicación de la pobreza y, con ese motivo, se realizan foros y se escriben artículos de diverso contenido. El problema es mayúsculo. Según las cifras del Programa de las Naciones Unidas, PNUD, 20% de la población mundial detenta el 90% de las riquezas, en tanto que el 80% se ha de conformar con el 10% restante; 2,800 millones de personas, cerca de la mitad de la población del mundo, viven con menos de 2 dólares al día, lo que es insuficiente para satisfacer las necesidades primarias;
más de 1,000 millones no tienen acceso al agua salubre; 876 millones de adultos son analfabetos, de los cuales dos tercios son mujeres; más de 500,000 mujeres mueren al año durante el embarazo o en el parto, por falta de acceso a una atención médico-sanitaria adecuada, y cada día, 30,000 niños menores de 5 años mueren de enfermedades que hubieran podido ser evitadas. Vicenç Navarro hizo el cálculo de que “ocho millones de niños mueren al año de malnutrición (uno cada dos segundos)”, añadió el comentario dramático de que eso equivale a los “muertos que causarían 43 bombas atómicas, como las lanzadas en Hiroshima”, y agregó lapidario que “en realidad tal número de muertos forma parte de la realidad que nos rodea de tal forma que ni siquiera aparecen en la primera o última página de los rotativos más importantes del mundo.” (Público, diario español, 30-10-2009)
El mismo autor, catedrático de la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, trae a la memoria el hecho de que la pobreza y el hambre no tienen como causa la sobrepoblación ni la falta de capacidad de la humanidad o la insuficiencia de la naturaleza para producir los recursos necesarios, y cita el dato de la Organización de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación, según el cual, nuestro planeta tiene suficiente tierra fértil para alimentar diez veces a la población hoy existente.
Las causas de la pobreza, en el plano mundial, como bien lo sabemos, se hallan en la organización social inhumana, capitalista, que encierra contradicciones entre la forma en que la sociedad produce y la manera en que distribuye lo producido en su seno. Esto permite que un número menor de individuos se apropie de manera rapaz de enormes recursos generados por toda la colectividad, e impida a la mayoría acceder a la parte que le correspondería en justicia. Así se da la paradoja de que haya individuos que han acumulado fortunas que jamás alcanzarán a gastar en su vida ni en varias generaciones más, sus descendientes, así sean derrochadores en exceso, en tanto que 850 millones de personas pasan hambre en grado superlativo, con su corolario de sufrimiento, enfermedades y muertes prematuras.
La pobreza es un fenómeno global y se halla incluso en el seno de las potencias opulentas, como Estados Unidos, Japón y los integrantes de la Unión Europea, pero alcanza su más dramática realidad, en los países llamados tercermundistas, los de Asia, África y América Latina cuyas condiciones históricas los condenaron a ser recipientes de las inversiones de las potencias capitalistas y, por esa razón, convertirse en la parte más explotada y saqueada del mundo capitalista.
En México y los países como el nuestro, la pobreza tiene doble causa: en lo interno, la injusta distribución de la riqueza y del producto, donde un puñado de magnates se apodera de lo que en justicia corresponde a la mayoría, y la despoja, y, en lo externo, el saqueo de riquezas y recursos naturales de la nación en su conjunto por parte del imperialismo internacional, que éste realiza gracias a la complicidad de la burguesía local, títere de dicho imperialismo.
De ahí la necesidad, para la humanidad en su conjunto, de reorganizar a la sociedad en el nivel planetario, erradicando su forma injusta actual, capitalista, y estableciendo una forma justa que dé a cada cual lo que le corresponde, según el trabajo que aporta, una forma socialista de organización social. Y la necesidad, en el caso de los países dependientes, como el nuestro, de dar un primer paso muy urgente, en el sentido de liberar a la nación de la dependencia respecto del imperialismo, en el camino de construir una sociedad superior, sin explotadores ni explotados.
31/10/09

















