Cuauhtémoc Amezcua Dromundo
En teoría, los funcionarios de elección popular son representantes del pueblo, pero la realidad es distinta. Apenas se supo con pruebas fehacientes que el PRI y el PAN firmaron un pacto para perjudicar la economía popular, y que se plasmó en alzas de impuestos, aumentos de precios a la gasolina y otros. Todo esto ya se sabía, pero ahora se publicó el documento suscrito por Beatriz Paredes, presidenta del PRI, César Nava, del PAN, Felipe Gómez Mont, secretario de Gobernación, y el Secretario General de Gobierno del Estado de México, que llevó la representación del gobernador Enrique Peña Nieto.
Ya no caben dudas ni valen negativas de los involucrados. El PRI se comprometió a que sus legisladores aprobarían el paquete fiscal de Calderón, apenas maquillado, como en efecto lo hizo. Y el PAN se obligó a no aliarse con el PRD en el Estado de México, porque Peña Nieto, el candidato a la presidencia predilecto de la gran burguesía reaccionaria y proimperialista para 2012, no debería cargar con la vergüenza de una hipotética derrota de su partido en las elecciones locales de 2011.
El PAN es un partido de ultraderecha, enemigo frontal de los intereses del pueblo, pues nació para tratar de impedir la nacionalización de la industria petrolera, la reforma agraria y toda la política social de avanzada del gobierno de Cárdenas, y durante su existencia ha rechazado con energía todas las acciones que puedan beneficiar a las mayorías. El PRI de hoy no es diferente del PAN en su esencia, pues nada tiene que ver ya con lo que fue el PRM de la época de Cárdenas ni con otras etapas en las que incluso ya como PRI se asumió como un partido vinculado a los intereses populares; ese partido se empanizó a de que los neoliberales se volvieron el grupo dominante, hace casi treinta años. Pero ambos partidos han fingido que buscan el voto del pueblo haciendo ciertos compromisos con el propio pueblo, pero cada vez más se descaran. ¿Cómo pueden justificar sus políticas y pactos repugnantes frente a un pueblo que exige romper con el neoliberalismo de una vez y para siempre?
El PRD también se descara. ¿Con qué argumentos serios puede defender el ir con los mismos candidatos, junto con el PAN, el partido históricamente vinculado con los enemigos del pueblo, más todavía que el propio PRI? Y para colmo, postulando a puros neoliberales, sin excepción, ya sea surgidos del PRI actual, neoliberal, como en Oaxaca, pues Gabino Cué siempre ha sido priísta y pertenece al grupo de Ernesto Zedillo, igual que Diódoro Carrasco, su jefe político, hasta que por pleitos entre caciques –que ellos también lo son, igual que Ulises Ruiz- prefirieron irse, uno formalmente a Convergencia y el otro al PAN de manera directa. O como en Puebla y Durango, donde los candidatos también son priístas, neoliberales y caciques; o como en Hidalgo, donde la candidata viene del gabinete de Fox, el presidente cuasi analfabeta, cristero y cobijo de los yunquistas? El PRD usufructuó el legítimo prestigio del Frente Democrático Nacional de 1988, presentándose como si fuera lo mismo, y así, saludando con sombrero ajeno, se abrió paso, pero ahora, ¿cómo van a entender los millones de seguidores de López Obrador que se pacte con el partido que le hizo el fraude apenas en la pasada elección? ¿Que se alíen “para derrotar al PRI” neoliberal postulando a priístas neoliberales o panistas-yunquistas ultraneoliberales? ¿Qué firmen con César Nava, el tramposo caballerete que al mismo tiempo también pacta con el PRI para golpear al PRD? ¿Y a quién le va a cumplir, al PRI, al PRD o a ninguno? ¿Cómo van a explicar porqué se unen con el partido que desde el gobierno decreta la desaparición de Luz y Fuerza del Centro y persigue a los trabajadores del SME como si fueran criminales, y también a los trabajadores mineros y a los maestros? A un partido así lo que hay que hacer es denunciarlo siempre, en todo momento, desenmascararlo, explicar a qué clase social sirve desde siempre, hasta que ya no pueda engañar a nadie ni pueda lograr un solo voto en parte alguna y se vaya al basurero de la historia, pero ¿aliarse con él para sumar votos conjuntos cuando al PRD así le conviene?
Y no sólo son el PRI, el PAN y el PRD, nadie escapa de la crisis generalizada del sistema electoral actual y del sistema de partidos. El PT también va en varias de esas alianzas con el PAN, y Convergencia, aunque no en todas. Pero el problema no es de cantidad, a la ultraderecha no se le puede hacer la menor concesión. En varios casos, el PANAL, el partido de Elba Esther Gordillo, la cacique sindical que es verdugo de los trabajadores de la educación, también va junto con los antedichos. En fin, la corrupción galopante, todo sea por los altos sueldos de los diputados y demás puestos de elección “popular”; todo sea por las prerrogativas que ascienden a cientos de millones de pesos de dinero público, que administran los dirigentes de esas catervas de negociantes que son los partidos políticos de la era neoliberal.
Algo queda claro, sin embargo de todo esto: Que el sistema de partidos vigente es inservible y no debemos engañarnos pensando que por ahí se puede hacer algo en las condiciones actuales. Que la clase obrera y el pueblo no tienen instrumento alguno para luchar en la arena electoral, y que hay que construirlo. Y que es necesario transformar todo el sistema electoral y el sistema de partidos, si es que queremos transitar por esa vía para cambiar la realidad del país. Esa enseñanza nos queda clara.
Marzo 7 de 2010.

















