Cuauhtémoc Amezcua Dromundo [1]
Desde el punto de vista de sus objetivos, la educación está atrapada entre dos concepciones opuestas: una que se asienta en el artículo tercero de la Constitución fruto del largo proceso del desarrollo histórico de México y las luchas y anhelos de su pueblo, y la otra, la que se vincula con los intereses del mercado internacional de nuestro tiempo, regido por el capital financiero y corporativo internacional.
Cada vez más en los últimos años, se ha venido imponiendo en los hechos esta última, entre otros medios, por reformas jurídicas de diverso nivel, decisiones de carácter administrativo y diferentes actos de autoridades políticas, líderes sindicales devenidos en caciques, e intereses particulares, sin que se haya abierto una reflexión sobre el problema ni se haya reparado en los daños que conlleva. La irrupción de esta concepción, que se presenta como “modernizadora” en el sentido del término que suele usar en sus memorias el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, constituye una causa fundamental de la profundización de la crisis de la educación que sufre México.
Pocos temas existen tan estrechamente ligados con tan diversas disciplinas, como la educación. Excede con mucho a las cuestiones técnicas y pedagógicas, y se vincula con el derecho, la filosofía, la sociología, la historia y la filosofía política. Por eso, no es casual que en México, todos los textos constitucionales del pasado y contemporáneos, “todos los planes políticos, y las propuestas y ofertas de gobierno, se han referido al tema de la educación.” [2] Los planteamientos han respondido en todos los casos a las ideas enarboladas por la corriente que los sustenta, puesto que en un tema fundamental como la formación de la conciencia de las nuevas generaciones y su consecuente impacto sobre la sociedad en su conjunto, la neutralidad ideológica no existe.
El artículo tercero constitucional vigente, en lo que se refiere al objetivo de la educación, fue el resultado de una reforma constitucional, realizada en 1946. En su texto se establecen los rasgos característicos del tipo de mexicano que requiere nuestra sociedad en la época contemporánea y, en consecuencia, del tipo de educación. Su contenido se resume en los siguientes postulados:
1) Requerimos que los mexicanos de la nueva generación sean patriotas, es decir, que sustenten la convicción de la defensa y vigorización de nuestra identidad nacional, sobre todo en esta época de expansión transnacional económica, política e ideológico-cultural, entre otras, contando ésta última con medios a su servicio cuyo potencial tecnológico les permite impactar de manera prodigiosa en la imaginación y la mentalidad individual y colectiva.
2) Sin embargo, al mismo tiempo que patriotas, los mexicanos que formemos han de ser solidarios con los pueblos hermanos que luchan por liberarse de la dominación extranjera y por construir sociedades justas. Los aspectos indicados en estos dos numerales se expresan nítidamente en el apartado “I” del artículo 3º, que establece que la educación, “tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano...”; “...y fomentará en él, a la vez, el amor a la patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia”.
3) Requerimos de mexicanos ajenos a los prejuicios y fanatismos, que estén en uso, por tanto, de todo el potencial de una inteligencia libre de cadenas, como se señala en apartado “II”.
4) Requerimos de mexicanos formados para que vivan dentro del régimen democrático y, consecuentemente, para que luchen por que éste exista, a plenitud. Sobre este particular, hay que destacar que el concepto de democracia que contiene el artículo tercero constitucional es avanzado y profundo, pues precisa que la democracia debe ser considerada “…no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”. [3] Es decir, la democracia, para serlo, necesariamente debe trascender lo formal y procedimental y concretarse en el mejoramiento del pueblo en todos los órdenes, como lo establece la norma.
Se hace necesario señalar, en este punto, que Jaime Torres Bodet, quien era Secretario de Educación Pública en la época de esta importante reforma constitucional, reconoció en justicia, que “Lombardo Toledano... si no me engaña el recuerdo, (fue autor de) dos sugestiones: la de mencionar ‘los resultados del progreso científico’ como base de la enseñanza y la de aludir a la democracia no solamente como a un régimen político, sino como a un sistema de mejoramiento económico, social y cultural”. En contraste con esta definición justa y avanzada de democracia, el régimen “democrático” de México, vigente en las últimas décadas, se ha alejado cada vez más de dicha definición y, por tanto, se ha distanciado de los anhelos del pueblo, al mismo tiempo que se ha vuelto violatorio de la Constitución.
5) Requerimos mexicanos nacionalistas, pero con el tipo de nacionalismo que se define en el propio mandato, respecto del cual, Lombardo precisa que es la primera vez que en una Constitución se habla sobre el nacionalismo, y destaca la diferencia de éste nacionalismo nuestro con respecto de otros, los que ejercen los países poderosos, que es agresivo y pretende justificar sus tendencias intervencionistas y dominantes. El artículo tercero dice, respecto de la educación, que ésta: “Será nacional, en cuanto -sin hostilidades ni exclusivismos- atenderá a la comprensión de nuestros problemas, al aprovechamiento de nuestros recursos, a la defensa de nuestra independencia política, al aseguramiento de nuestra independencia económica y a la continuidad y acrecentamiento de nuestra cultura”. Lombardo afirma que éste es un concepto nuevo, “nacionalismo no como una categoría jurídica ni sólo como una tesis política, sino como una programación del aprovechamiento de las riquezas naturales para hacer posible el progreso del país. Nacionalismo, además, para defender la independencia política de nuestra patria...” [4] Y enfatiza sobre la importancia de la independencia económica, porque “sin ésta, la independencia política es precaria, como la experiencia lo ha demostrado.” [5]
6) Requerimos mexicanos de la nueva generación que, asimismo, adquieran la formación educativa que se expresa en la norma citada, en el sentido de que “Contribuirá a la mejor convivencia humana, tanto por los elementos que aporte, a fin de robustecer en el educando, junto con el aprecio para la dignidad de la persona y la integridad de la familia, la convicción del interés general de la sociedad, cuanto por el cuidado que ponga en sustentar los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos los hombres, evitando los privilegios de razas, de sectas, de grupos, de sexos o de individuos”.
Lombardo destaca además otra tesis de alto valor en el artículo tercero, al contestar a las preguntas de ¿a quién corresponde la tarea de formar a las nuevas generaciones? ¿A quién compete formar la conciencia nacional a través de la escuela? Y responde enfáticamente: “Es al Estado al que corresponde educar”.
En contraste con la justeza y la riqueza axiológica y teleológica del artículo tercero, han venido operando acciones que tienden a preparar mexicanos que no sean patriotas ni defensores de nuestra identidad cultural, sino una generación carente de memoria histórica y de amor a la patria; una que acepte dócilmente el dominio de las fuerzas económicas trasnacionales, y de la fuerzas políticas y militares de las grandes potencias, en especial de Estados Unidos; mexicanos que incluso vean como deseable la incorporación de nuestro país al de junto, al norte, en calidad de subordinado o “patio trasero” como nos han llamado históricamente los ideólogos del monroísmo y del imperialismo. Acciones que tienden a formar una nueva generación de mexicanos que no aprecien, defiendan y desarrollen nuestra cultura, sino que vean la ajena como superior. Que no sean solidarios con los pueblos hermanos de América Latina y el mundo, sino que vean con desdén las acciones liberadoras y reivindicativas, en lo político y en lo económico. Que se sientan al margen de las luchas por recuperar nuestros recursos naturales, que los vean como actos de “agitación” estéril y repudiable. Y que, confundidos, crean que la “democracia” puramente formal es la verdadera democracia. La acción corrosiva de tales tendencias, aunada a la acción siempre regresiva del viejo clero político, a las disposiciones privatizadoras, a los escasos recursos económicos y materiales que se destinan a esa noble tarea, y los bajos salarios de los trabajadores de la educación, han provocado una profunda crisis en esta materia en México, que es urgente y necesario resolver.
Frente a ese desastroso panorama, además de una justa política presupuestaria y salarial, es indispensable, el rescate vigoroso del valioso contenido del artículo tercero constitucional. Su difusión por todos los medios posibles. Su valoración, por medio del análisis y la reflexión colectiva. El cotejo de sus postulados, respecto de las medidas regresivas que abundan. El estudio y la difusión de las tesis de Vicente Lombardo Toledano, pensador profundo, educador en el más alto sentido, sobre las aspectos axiológicos y teleológicos de la educación, contenidos en la norma constitucional. Todo esto es indispensable, para superar y revertir la crisis de la educación en México.
Notas:
1. Resumen del contenido de la ponencia presentada en el Congreso Estatal de Educación, Zacatecas, 13 y 14 de julio de 2009.
2. Mario Melgar Adalid, “Comentario al artículo 3º” en Derechos del Pueblo Mexicano, México a través de sus Constituciones, tomo I, página 114, Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, en colaboración con el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y la Editorial de Manuel Porrúa, primera edición, 1966.
3. Jaime Torres Bodet, Años contra el tiempo, autobiografía del autor, citada por Guillermo Morfín García, en la “Presentación” de la obra Idealismo vs. Materialismo. Polémicas filosóficas Caso-Lombardo, Caso-Zamora, Caso-Lombardo. Editada de manera conjunta por la Masonería Filosófica de Michoacán, el CEFPSVLT y la Asociación Francisco J. Múgica.
4. Ver “Las cinco tesis del artículo tercero constitucional”, en Vicente Lombardo Toledano, Obra educativa, volumen II, Primera Edición, Instituto Politécnico Nacional, México, 1987, Segunda Edición, corregida y aumentada, CEFPSVLT, México, 2002, páginas 179 a 186.
5. XI Ibídem.

















