Ponencia presentada en el Seminario Internacional Lombardo, la CTAL y los problemas contemporáneos de la clase trabajadora y los pueblos, que tuvo lugar los días 8 y 9 de septiembre de 2008, en el Centro de Estudios Filosóficos, Políticos y Sociales Vicente Lombardo Toledano”.
Con una experiencia de cerca de veinte años en el seno del movimiento obrero, Vicente Lombardo Toledano y quienes lo seguían en su línea político-sindical, convocaron al Congreso de Unificación Proletaria, del cual emanaría la Confederación de Trabajadores de México –CTM- a partir de febrero de 1936. La historia del México postrevolucionario registra el papel de la CTM como pionera en las luchas antimperialistas. Sin su poderosa influencia y su línea estratégica y táctica no hubiera sido posible la expropiación petrolera decretada el 18 de marzo de 1938.
Pero Lombardo Toledano agregaba a su sindicalismo revolucionario su concepción internacionalista en el campo político y en el terreno del movimiento obrero. De ahí su empeño en unificar a la clase trabajadora, primero de América Latina y después en el plano mundial. Precisamente el Congreso que creó la CTM, acordó hacer un llamamiento “a todas las organizaciones sindicales del Continente Americano, sin distinción de ideologías y de táctica de lucha, para procurar el entendimiento y la unificación de todo el proletariado de América, especialmente el proletariado de origen latino”[1]
En la convocatoria al Congreso Obrero Latinoamericano, Vicente Lombardo Toledano decía que a pesar de una historia común y de características geográficas, económicas y sociales semejantes, las organizaciones obreras del subcontinente habían permanecido aisladas. Por tanto, era necesario borrar las suspicacias y aclarar los motivos verdaderos del congreso, destruir las mentiras de los enemigos de la clase trabajadora y arribar a la unificación internacional del proletariado.[2]
En el discurso de inauguración del Congreso Obrero Latinoamericano –reunido del 5 al 8 de septiembre de 1938- Vicente Lombardo Toledano puntualizó: “…el problema de la unidad en la América Latina… es un problema de vital importancia… No vivimos en épocas normales… vivimos una época decisiva para los destinos de la humanidad, es una guerra a muerte entre la libertad y el derecho, entre la democracia y la paz por un lado, y la opresión, la injusticia y la barbarie por el otro”. Dijo que la fuerza del fascismo perturba el porvenir de América Latina e interviene en su vida interior. Y planteó una disyuntiva: o la unidad de los trabajadores o la victoria del fascismo en el continente.[3] Indicó que la fundación de la nueva central es el primer paso con vistas a la unidad del proletariado del mundo. Nuestros pueblos combatirán el fascismo, por la democracia y la libertad, “porque quieren hacer al fin, después de más de un siglo de independencia teórica de veinte naciones del mismo origen, veinte pueblos libres de verdad que puedan llamar patria a lo que hoy en muchos casos no es más que una vil colonia de intereses espurios, en contra de la salud física, de la cultura y del porvenir de los pueblos inermes e ignorantes de nuestro continente”.[4]
Este Congreso Constituyente de la Confederación de Trabajadores de América Latina –CTAL- afinó los siguientes principios que le servirán de líneas directrices a la nueva Central, en su combate de veinticinco años:
·El régimen social prevaleciente en la mayor parte del mundo debe ser sustituido por un sistema que liquide la explotación del género humano.
·Establecimiento de la democracia como cimiento para gobernar en favor de la sociedad.
·El respeto a la autonomía económica y política de cada nación.
·La solidaridad con todos los pueblos del Planeta.
·La proscripción de la agresión armada para resolver los conflictos internacionales.
·La condena a las guerras de conquista como contrarias a la civilización.
·La conquista de la justicia social por medio de la alianza de la clase trabajadora en cada región, país, continente y el mundo, con el fin de lograr la unidad internacional de la clase obrera.
·La liquidación de las supervivencias semifeudales, con el objetivo de elevar las condiciones económicas y morales de las grandes masas del pueblo.
·La defensa de los derechos individuales y sociales de cada país: reunión, asociación, derecho de huelga, contrato colectivo de trabajo, libertad de expresión de las ideas y de los órganos de prensa de los trabajadores.
·El combate al fascismo porque es enemigo de los ideales del proletariado, del progreso de los pueblos y del desarrollo de la cultura.
El Programa Permanente de la CTAL contiene los siguientes puntos esenciales:
·“Realizar la unificación de la clase trabajadora de América Latina;
·Contribuir a la unificación de la clase trabajadora en el seno de cada uno de los países latinoamericanos;
·Luchar por la unificación de los trabajadores del Continente Americano;
·Luchar por la unificación de todos los trabajadores del mundo;
·Defender los intereses y los esfuerzos del movimiento sindical de los países latinoamericanos;
·Prestar ayuda al movimiento sindical de cualquier país para la mejor defensa de sus intereses;
·Cooperar al progreso de la legislación del trabajo en la América Latina;
·Luchar contra todos los imperialismos para lograr la autonomía de las naciones latinoamericanas;
·Luchar contra la guerra de agresión o de conquista contra la reacción y contra el fascismo”.[5]
En la sesión de clausura del Congreso que creó la CTAL, Lombardo sólo dirigió a los delegados unas breves palabras, ya que tuvo que retirarse por serios problemas de salud. “Este paso que acaba de dar el proletariado del Nuevo Mundo –dijo al final de su intervención- es uno de aquéllos que forman la historia no sólo de los trabajadores, sino de la historia de los pueblos. Por esta causa, estoy satisfecho de que la Confederación de Trabajadores de México haya podido contribuir a la realización de este importante hecho”.[6]
Así nació la Confederación de Trabajadores de América Latina, como un frente único del proletariado, independientemente de las posiciones políticas, filosóficas y religiosas de sus miembros, unidos por la “emancipación de América Latina”, frente al imperialismo, contra el fascismo y por la unidad del proletariado en cada país y a nivel continental, por el progreso social.
De manera que es mentirosa la tesis de Boris Koval, “especialista” del movimiento obrero de América Latina, quien afirma: “Los sindicatos progresistas, unidos desde 1938 con la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL), guiada por los comunistas, contaban con unos 4 millones de miembros”.[7] Además, califica al fundador y líder de la CTAL como un “socialdemócrata”.[8]
El segundo congreso de la CTAL, que tuvo lugar en Cali, Colombia –primeros días de diciembre de 1944-, es el anchuroso camino que traza Lombardo y la gran central, para el futuro de “Nuestra América”. Es como una polifonía que provoca una catarsis –si vale decirlo así- a los pueblos latinoamericanos para sacudir la polilla del atraso, la dependencia y las relaciones semifeudales de producción y de cambio.
Vicente Lombardo Toledano calibró la importancia política de la gran asamblea, porque sería la primera hacia el fin de la posguerra de los pueblos del Hemisferio Occidental, en la que se plantearían, por la primera vez, los problemas fundamentales de nuestros países para el futuro. Por otro lado, sería la primera reunión obrera del continente americano que tendría lugar en la historia de nuestros pueblos, pues a ella asistieron, además de los delegados latinoamericanos, los representantes de la clase obrera canadiense y norteamericana.[9]
Es importante referirnos a algunos conceptos torales del informe que rindió a los delegados de la CTAL e invitados. No vamos a dar nuestra particular versión del discurso; sino que transcribiremos las líneas literales, para su mejor comprensión, aunque las citas resulten largas:
La CTAL “no se creó… por razones de lengua, ni de raza, ni de tradición.” Nunca hemos aceptado el racismo. “Nos asociamos porque tenemos problemas comunes, estructuras económicas semejantes y necesitamos de nuestra unión para poder crear un porvenir mejor”.
No confundir el pueblo de Estados Unidos con el imperialismo norteamericano, o el pueblo inglés con el imperialismo británico. Se necesita la unidad nacional para cada uno de nuestros países “…insistimos en la urgencia de lograr la coordinación continental en materia económica y hacerla extensiva al mundo entero después. Hoy insistimos en la unidad nacional no sólo para combatir con éxito al fascismo, sino para exterminarlo definitivamente en todas sus manifestaciones y formas”.
Destacó que “es la etapa de la revolución industrial en Latinoamérica”. Es la hora de la democracia real, no sólo formal. “Necesitamos la cooperación de nuestros hermanos de Estados Unidos y Canadá”.
Con la experiencia del papel de la clase obrera en la expropiación petrolera en México, abordó el tema previendo la perspectiva para América Latina en este renglón estratégico.
Sobre las importaciones y exportaciones de América Latina, explicó: “Lucha contra la intervención de los monopolios de los Estados Unidos, en aspectos que no le competen de la vida de los países latinoamericanos, pidiendo la cooperación del gobierno de los Estados Unidos y de los demás gobiernos del continente”.
“Cooperar para que se aumente el intercambio económico entre los diversos países de América Latina, procediendo a un estudio previo sobre las posibilidades de intercambio comercial”.
“Estudio para la creación de un sistema que permita a los gobiernos del continente intervenir eficazmente en las exportaciones e importaciones, con el objetivo de impedir que los países de la América Latina resulten defraudados por los monopolios internacionales”.
Planteaba la organización de la economía latinoamericana: “Estudios y labor de propaganda con el fin de conseguir que los gobiernos procedan a formular un programa que tienda, ante el peligro inminente de la ampliación de la guerra, a movilizar fácilmente la economía nacional e internacional en beneficio de los pueblos y por la defensa de sus intereses”.
Sujeción de las inversiones y empréstitos al interés nacional: “Luchar para impedir que los empréstitos destinados para obras públicas necesarias no graviten sobre los recursos naturales, de tal manera que impidan el desarrollo económico de los países latinoamericanos”. Había que concretar la política de la Buena Vecindad: La política de la Buena Vecindad “no sólo debe tener un aspecto formal, sino un contenido económico, para impedir las consecuencias de la acción de los monopolios internacionales”.
“Petición al gobierno de los Estados Unidos de una política económica para con la América Latina, basada en el interés de todos los pueblos del continente”.
“Oposición a toda lucha armada entre países de América Latina”.
“Apoyo para que el arbitraje o la mediación resuelvan los conflictos”.
La demanda de la unidad obrera mundial fue persistente en el pensamiento y en la acción de Vicente Lombardo Toledano. Propuso siempre “relaciones fraternales” entre las diversas organizaciones obreras: la CTAL, las de Estados Unidos, de Inglaterra y de la Unión Soviética.
Un congreso obrero mundial convocado por la CTAL era una divisa que ahora Lombardo propuso en el Congreso de Cali, por forjar la unidad de todos los trabajadores de la Tierra en aras de la paz futura y de “la reconstrucción de los pueblos”.
Lombardo insistió en los planteamientos de la Segunda Conferencia Interamericana de Agricultura (julio de 1942):
“Sólo la intervención del Estado, controlando eficazmente la producción agrícola y la circulación de los artículos alimentarios y las demás mercancías de consumo necesario podrá permitir a los gobiernos del continente americano la planeación de la agricultura, subsidiariamente, la coordinación de la economía nacional”.
“Organización de la población dedicada a la producción agrícola y defensa de los intereses de los campesinos y productores del campo”.[10]
En las conclusiones del Informe insistió en su posición antimperialista:
“La necesidad de ayudar al progreso material y social de los países poco desarrollados económicamente, impidiendo el libre juego de los monopolios internacionales que someten a su imperio sus principales recursos y que estorban su interior desenvolvimiento histórico”.[11]
Desde luego que en este Informe Lombardo reiteró las tesis contenidas en “Prolegómenos para una nueva América” y las conclusiones de la reunión del Comité Central de la CTAL en la Habana (julio de 1943), que recogían lineamientos contenidos en documentos precedente.
El Congreso de Cali puso la piedra de toque para construir las fortalezas de las veinte repúblicas de aquel momento, con el fin de recuperar sus recursos naturales y desarrollarse, ejerciendo su derecho a la libre determinación económica y política. Pero esas fortalezas se siguen cimentando hacia los nuevos Estados del Caribe que han conquistado su independencia política. Hoy hablamos de “América Latina y el Caribe”.
El documento clave que contiene el análisis amplio y profundo de la situación mundial y latinoamericana, como premisa mayor para el Programa de la CTAL, fue presentado por Vicente Lombardo Toledano en ese histórico Segundo Congreso, con el título de “Presente y Futuro de América Latina”, que ha quedado como oriflama del proletariado de “Nuestra América” como faro que no se apagó ni se apagará en el porvenir.
Vicente Lombardo Toledano presentó al Congreso de Cali los siguientes Principios y el Programa de la CTAL para la Posguerra, los cuales trataremos de compactar en lo posible.
En el terreno internacional, la América Latina debe regirse por los siguientes Principios:
·“La amistad y la solidaridad con todos los pueblos de la Tierra”
·La defensa del sistema democrático y la lucha contra el fascismo.
·La condena de la agresión y el establecimiento de un sistema de seguridad colectiva que garantice la soberanía de cada nación.
·“El apoyo a la independencia política y económica de todos los pueblos coloniales, semicoloniales y dependientes”.
·La liberación nacional de todos los pueblos de la América Latina.
·Respaldo a la política del Buen Vecino.
·Rechazo a la política imperialista en cualquiera de sus manifestaciones.
.Cumplimiento de la Carta del Atlántico.
a)Condiciones a las inversiones extranjeras para que contribuyan al progreso y no al estancamiento de América Latina.
b)Condiciones a las transacciones mercantiles.
c)Fijación de una política de cambios en las relaciones monetarias.
2.Desarrollo independiente.
a)Destrucción del pasado feudal.
b)Revolución técnica en la agricultura.
c)Puesta en marcha de la revolución industrial.
d)Nacionalización del crédito para canalizarlo al programa de desarrollo económico nacional.
a)Control de precios.
b)Intervención del Estado en la distribución
c)Aumento del poder adquisitivo de los trabajadores.
d)Establecimiento de la seguridad social.
e)Establecimiento, consolidación y perfeccionamiento de la legislación laboral.
f)Mejoramiento de los servicios sanitarios y de asistencia social.
g) Incorporación de los indígenas al desarrollo económico: dotación de tierras, refacción y asistencia técnica, protección al arte popular, creación de industrias de acuerdo con la ubicación geográfica de las comunidades, estudio científico de los problemas fundamentales de los núcleos indígenas para su adecuada solución, empleo de la lengua nativa hasta el tercer año de la enseñanza primaria, sin perjuicio del aprendizaje de la lengua nacional.
Estos Principios y el Programa propuestos por Vicente Lombardo Toledano al II Congreso de la CTAL, fueron aprobados en todas sus partes.
Como puede colegirse, los objetivos concebidos por el pensamiento lombardista para la América Latina después de concluida la Segunda Guerra Mundial, tienen vigencia actual y para un futuro progresista y de liberación nacional, como puede corroborarse en varios países de aquella “Nuestra América” que José Martí vislumbró, frente al “monstruo” y sus “entrañas”.
La Confederación de Trabajadores de América Latina nació en un momento crucial de nuestros países aquende el Río Bravo: la influencia nefasta del imperialismo y la amenaza del nazifascismo.
La CTAL surgió bajo el pensamiento y la acción de Vicente Lombardo Toledano, desde el movimiento obrero mexicano, consolidado en la Confederación de Trabajadores de México.
La CTAL ha sido la única central que merece el nombre de latinoamericana, porque ni antes ni después de ella ha habido otra organización que poseyera tal fuerza e influencia para darle rumbo a las naciones del subcontinente hacia su independencia económica y política, la democracia plena y las reivindicaciones de los trabajadores y de los pueblos.
La CTAL nació como un frente único del proletariado, independientemente de las posiciones políticas, filosóficas y religiosas de sus miembros, unidos “Por la Emancipación de América Latina”.
La CTAL hizo esfuerzos teóricos y prácticos para la unidad de los trabajadores en cada país, en América Latina, en el continente americano y a nivel mundial. La CTAL fue uno de los factores determinantes del surgimiento de la Federación Sindical Mundial en 1945.
El sindicalismo revolucionario que Vicente Lombardo Toledano practicó en el movimiento obrero mexicano, lo llevó a la Confederación de Trabajadores de América Latina y a la Federación Sindical Mundial: el mejoramiento de la vida y las condiciones de trabajo del proletariado, la liberación plena de los pueblos coloniales, semicoloniales y dependientes, la lucha contra el imperialismo y contra el fascismo.
Desde su nacimiento y durante sus veinticinco años de existencia, la CTAL hizo análisis rigurosos y exhaustivos de las condiciones económicas, sociales, políticas, educativas y culturales de América Latina y de los cinco continentes.
Esos estudios siempre tuvieron un objetivo: formular programas y enriquecerlos progresivamente para el desarrollo independiente de América Latina y sus vínculos con los diversos países y regiones del mundo.
La CTAL, con el pensamiento de su Presidente, previó el desplazamiento de los capitales europeos en América Latina, por la avalancha inversionista de la potencia del norte, lo que traería como consecuencia, la hegemonía del imperialismo norteamericano en la región.
El líder de la CTAL, asimismo, pronosticó una de las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial: con la derrota del fascismo, el imperialismo en general saldría debilitado en el escenario del mundo, pero el imperialismo estadunidense saldría fortalecido.
Por ello y ante la realidad presente y futura, la CTAL formuló programas para la guerra y la posguerra, con vistas a coordinar los planes económicos de los países latinoamericanos, a fin de que se defendieran juntos ante los embates de los consorcios imperialistas, que saquean nuestros recursos, descapitalizan nuestras naciones y deforman su desarrollo.
La CTAL consignó en sus programas políticas concretas para destruir las relaciones feudal-esclavistas –herencia del colonialismo- en América Latina y emprender su industrialización, a la que se opone el imperialismo, cuyo interés es el de mantener a nuestros países en el subdesarrollo y la dependencia, como monoproductores y proveedores de materias primas a las grandes potencias, así como importadores de productos manufacturados.
La CTAL demandó la cooperación de la comunidad latinoamericana en los diversos aspectos de su desarrollo, así como la intensificación de su intercambio comercial, con una mayor intervención del Estado; a fin de impedir el libre juego de los monopolios internacionales que explotan las riquezas y el trabajo de nuestros pueblos y estorban su libre determinación económica y política.
La CTAL siempre propugnó por que las Constituciones Políticas de los Estados latinoamericanos, superaran el principio dieciochesco de los derechos individuales como la base y el objeto de las instituciones sociales; y estipularan los derechos colectivos de los obreros, los campesinos y los indígenas, para que éstos fueran incorporados al desarrollo económico y a los beneficios de la cultura y de la civilización.
La CTAL demandó siempre la elevación sistemática y la extensión de la educación y de la enseñanza en todos los niveles, pero especialmente en la escuela básica. Por la voz de su presidente la gran central consideró la urgencia de superar la tradición colonial de otorgar preferencia a las carreras liberales, para arribar a la etapa de la formación de los cuadros para el desarrollo de la técnica y de la ciencia. El enorme desnivel de nuestros países respecto de las potencias desarrolladas en ese campo, es el reflejo de nuestra pobreza económica a causa de nuestra situación de países semicoloniales.
Este arsenal ideológico, político y programático legado por la CTAL ha fructificado hasta el día de hoy. El rumbo nacionalista, democrático y de progreso social que están emprendiendo varios países de “Nuestra América”, sigue la besana que trazó con profundidad y dirección segura la Confederación de Trabajadores de América Latina desde 1938. A los setenta años de su fundación, la CTAL seguirá sembrando la tempestad de la liberación nacional de los pueblos de Hidalgo, Morelos, Bolívar, Tiradentes, O’Higgins, San Martín, José Martí y demás gigantes de la América Latina y el Caribe.
·Koval, Boris. Movimiento Obrero en América Latina, 1917-1959, Editorial Progreso, Moscú, 1985.
·Lombardo Toledano, Vicente. La Revolución de Octubre y el Movimiento Sindical en América Latina. Obra Histórico-Cronológica. –OHC-, Tomo V, Volumen 26.
Ø Convocatoria para el Congreso Obrero Latinoamericano. OHC, Tomo III, Vol. 8, México, 1977.
Ø Discurso en la Inauguración del Congreso Obrero Latinoamericano. OHC, Tomo III, Vol. 8.
Ø Acta Constitutiva, Declaración de Principios y Estatutos de la CTAL. OHC, Tomo III, Vol. 8.
Ø Clausura del Congreso Obrero Latinoamericano. OHC, Tomo III, Vol. 8.
Ø Informe al Congreso General de la CTAL –noviembre de 1941-. OHC, Tomo IV, Vol. 6.
Ø Posición de la CTAL frente al imperialismo, el nazismo y las huelgas. Conferencia pronunciada en el Ateneo de Montevideo, ante la Unión General de Trabajadores, el 27 de febrero de 1944. OHC, Tomo IV, Vol. 13.
Ø Informe al II Consejo del Comité Central de la CTAL -28 de julio de 1943-. OHC, Tomo IV, Vol. 12.
Ø Clausura del II Consejo del Comité Central de la CTAL. OHC, Tomo IV, Vol. 12.
Ø Primer Congreso Ordinario de la CTAL. OHC, Tomo IV, Vol. 7.
Ø Mensaje de los miembros de la CTAL a la Conferencia de Cancilleres Americanos –Brasil, 5 de febrero de 1942-. OHC, Tomo IV, Vol. 7.
Ø Prolegómenos para una nueva América. Informe del 29 de diciembre de 1942, sobre su viaje por varios países del subcontinente. OHC, Tomo IV, Vol. 9.
Ø La Importancia Política del Congreso de la CTAL en Colombia. Declaraciones del 5 de diciembre de 1944. OHC, Tomo IV, Vol. 15.
Ø Informe ante el Segundo Congreso General Ordinario de la CTAL. OHC, Tomo IV, Vol. 15.
Ø Presente y Futuro de América Latina. Estudio y Programa. OHC, Tomo IV, Vol. 15.
Ø Declaración del 10 de noviembre de 1952, para informar sobre su viaje a Bolivia. OHC, Tomo V, Vol. 14.
Ø Central Obrera Única en Ecuador auspiciada por la CTAL. OHC, Tomo IV, Vol. 9.
· Tavira Urióstegui, Martín. Vicente Lombardo Toledano, Rasgos de su Lucha Proletaria. Ediciones del Partido Popular Socialista y Publicaciones Mexicanas, S. C. L., México, 1990.
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[1] Citado por Martín Tavira Urióstegui en: Vicente Lombardo Toledano, rasgos de su lucha proletaria. Edición del Partido Popular Socialista y Publicaciones Mexicanas, S. C. L., 1990, p. 93.
[2] Convocatoria al Congreso Latinoamericano. OHC, Tomo III, Vol. 8, Edic. de 1977, p. 86.
[3] VLT. Discurso en la inauguración del Congreso Obrero Latinoamericano. OHC; Tomo III, Vol. 8, pp. 104-105.
[4] Ibídem, pp. 109-110.
[5] VLT. Acta Constitutiva, Declaración de Principios y Estatutos de la CTAL. OHC, Tomo III, Vol. 8, pp. 119-121.
[6] VLT. Clausura del Congreso Obrero Latinoamericano. OHC, Tomo III, Vol. 8, pp. 114-115.
[7] B. Koval. Movimiento Obrero en América Latina, 1917-1959, Editorial Progreso, Moscú, 1985, p. 98.
[8] Ibídem, p. 76.
[9] VLT. La Importancia Política del Congreso de la CTAL en Colombia. Declaraciones del 5 de diciembre de 1944. OHC, Tomo IV, Vol. 15, p. 207.
[10] VLT. Informe ante el Segundo Congreso General Ordinario de la CTAL. OHC, Tomo IV, Vol. 15, pp. 219-223.
[11] Ibídem, p. 251.
[12] Ibídem, pp. 272-279.