Última actualización el Miércoles, 27 de Julio de 2011 12:43
"Yo creo que en el momento mismo en que la clase obrera actúe a la izquierda, desde ese mismo momento empezará, aunque sea tarde, a constituir una realidad la revolución mexicana"
... EL SENTIDO SOCIAL DE LA REVOLUCIÓN [1]
El pacto firmado por la Casa del Obrero Mundial con don Venustiano Carranza, primer jefe del Ejército Constitucionalista, es el documento que explicará a la posteridad el meollo de la revolución mexicana, su sentido profundo, su sentido de la tierra, como diría Nietzsche. Mientras no alcanzó esta expresión social, la revolución no tuvo importancia trascendente. Reformar regímenes políticos para el fin de cambiar la técnica de alcanzar los puestos públicos, es acometer transformaciones que tienen importancia, como todo paso hacia adelante; pero que llegan a adquirir el influjo de las transformaciones que significan una subversión total de los regímenes de la vida económica, de los sistemas de la producción material. Por eso decía que este famoso pacto, olvidado por muchos y desconocido por la mayoría, es el documento que da carácter, que da aspecto teleológico a la revolución mexicana. ¿Por qué? porque en él se explica de una manera clara, terminante, el deseo de las masas trabajadoras de transformar de raíz el pasado.
La tierra debe ser una institución pública: la tierra no puede ser privilegio de nadie; la tierra debe ser una función social. La industria no debe ser tampoco, profesión libre; la industria debe tender a realizar un beneficio colectivo. Estas ideas centrales del pacto con Carranza, no expresadas en la forma de definiciones que acabo de emplear; pero contenidas implícitamente en el documento, fueron objeto de una propaganda intensa desde la tribuna de la Casa del Obrero Mundial. Todo el mundo sabe en México que desde los primeros años en que el movimiento obrero se organizó, no había un solo miembro de un sindicato, por humilde que fuera, que no supiera bien la doctrina socialista, y que no pudiera analizar en cualquier momento el valor de los acontecimientos del día. La organización obrera presentaba entonces el aspecto de un ejército integrado por generales, y lo era en realidad, porque todos sus miembros fueron líderes de sí mismos antes que líderes de masas futuras. Cada obrero fue entonces un maestro de la utopía del mañana y un constructor del porvenir. En esas condiciones, no había dudas: los principios eran firmes y la táctica de lucha, clara. ¿Cuál fue esa ideología, cuál fue esa táctica? La ideología fue la aceptación de un régimen social injusto; mejor dicho, la ideología se basaba en el reconocimiento de la injusticia social imperante. Conclusión de este primer postulado: la sustitución del régimen burgués por el régimen socialista. Táctica a emplear: la lucha de clases, la oposición de la clase obrera organizada frente a la clase capitalista. Esta tesis todavía es, por fortuna, la declaración de principios de las más importantes agrupaciones obreras del país; las constituciones de las asociaciones de sindicatos en México, comienzan con ella. Y consecuentes con la tesis, el principio de la inteligencia internacional de los trabajadores para obrar de consumo en el advenimiento de la nueva vida.
Y mientras esto ocurría con la clase obrera, el proceso de transformación del porfirismo seguía su curso. Desapareció el ejército porfirista; se organizó por los mismos que habían empuñado las armas un nuevo ejército, revolucionario, de hombres obscuros en su mayoría, y con algunos elementos de valer; pero sin experiencia política y con deseos, aparentes al menos, de transformar la situación. Estos y otros más fueron ocupando los puestos de dirección y de responsabilidad pública.
Durante muchos años la clase obrera no quiso intervenir en la lucha política. Desconfiada de lo que era en el mundo el Estado burgués, desconfiada respecto de lo que puede hacerse desde el gobierno de una nación, mientras no se transforme la nación misma en cuanto a sus métodos de trabajo y de conducta, la clase obrera, sin sospechar de los hombres salidos de la revolución, sospechaba del éxito de esos hombres, porque veía que la estructura del Estado permanecía intacta, que estaba completa la estructura capitalista; y se abstuvo, no quiso intervenir en la política, no quiso compartir los puestos de responsabilidad. Sin embargo, esperaba que los hombres salidos de la revolución, realizaran algún día próximo el propósito interno del movimiento iniciado en 1910. Quería que el sentimiento humanístico que había lanzado a las masas a la lucha, se elevara a la categoría de preceptos obligatorios, de normas públicas, de leyes; esperaba que los revolucionarios realizaran la revolución; que la tesis socialista fuera hecho y no palabra, que el sacrificio floreciera en una organización social nueva y fecunda.
Pero la clase obrera se equivocó. Se empezaron a dar tierras, sí; se empezaron a dictar algunas leyes de protección para los trabajadores; pero hasta ahí nada más. El régimen mismo, el sistema de la vida pública permanecía igual. Entonces un sector de la clase obrera, la CROM, el núcleo más importante del proletariado del país, intentó realizar el esfuerzo por su cuenta; abandonó la teoría tradicional de la lucha sindical y estableció el principio de la acción múltiple, con el propósito de llevar sus hombres a los puestos públicos para que ellos poseyendo la máquina del Estado pudiesen transformar el viejo régimen, el sistema burgués mexicano. Esta decisión de la CROM, creó el Partido Laborista, que despertó desde un principio en los militares y en los civiles directores de la cosa pública, una serie enorme de suspicacias; ¡la clase obrera mexicana se atrevía o quería gobernar! ¿Cuál era su programa? El programa político de la clase obrera mexicana era y es un programa hermético, unilateral, parcial, socialista. No podía ser, por tanto, un programa simpático a los ojos de los hombres que no tenían ese punto de vista; porque para ellos la sociedad es algo más que la clase trabajadora. A poco andar el tiempo, empezó a levantarse en contra de ese partido de clase la ideología burguesa, la misma ideología liberal del siglo pasado: la sociedad no es sólo la clase trabajadora. Un gobierno debe ser de todos y para todos.
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[1] Extracto del mensaje de Vicente Lombardo Toledano a la Unión Linotipográfica de la República Mexicana, para que comentara de un modo público el convenio celebrado con la empresa del periódico Excélsior, que dio fin a la huelga.