Lombardo Toledano fue el dirigente máximo de la fuerza obrera más vigorosa de América Latina. En este mismo recinto me tocó presentar una ponencia sobre ‘La CTAL a los 50 años de su fundación”. Ahora me corresponde hacerlo de nuevo, pero sobre la CTAL a los 70 años. En aquella ocasión tuve el honor de ser acompañado en el acto por el legendario dirigente brasileño, Luis Carlos Prestes, por el entrañable colombiano Jorge Regueros Peralta, uno de los fundadores del CTAL en 1938, y por otros compañeros muy queridos, ya fallecidos la mayoría, con los que hube de compartir momentos intensos de lucha y de militancia obrerista.
Pensando en ellos es inevitable que me invada un sentimiento nostálgico que convive con la emoción de ahora por participar junto a distinguidas personalidades e ilustres catedráticos aquí presentes. Igualmente, me asalta el recuerdo del maestro Vicente Lombardo Toledano, quien contribuyó a pulir mi precocidad política juvenil, el cual falleció en noviembre de 1968, hace 40 años.Al abordar el tema de hoy debo empezar diciendo, con claridad, como es evidente, que la sociedad humana evoluciona sin cesar y que la observación de sus períodos permite advertir la semejanza entre unos y otros y las particularidades de cada uno de ellos. Quiero manifestar, con esta breve entrada, que el objetivo que se propuso la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL) sobre la liberación de nuestra Patria Grande, sigue pendiente y, por lo tanto, tiene plena vigencia en la actualidad. En cambio la lucha contra el nazifascismo de la época de la CTAL ha sido sustituida en nuestros días, para los partidarios de la justicia social, por la lucha contra el neoliberalismo.No olvidemos: la CTAL se fundó en 1938 y se decretó su liquidación en 1963. Tuvo una existencia física de un cuarto de siglo y dejó un cuerpo de ideas vigentes hoy, a los 70 años de su fundación.La CTAL surgió después de la gran crisis económica de 1929 — 1933, que había mostrado prácticamente a los trabajadores latinoamericanos desempleados la anarquía en la producción de nuestros sistemas dominantes; surgió, asimismo, en el año justo en que el presidente Llamo Cárdenas nacionalizó el petróleo mexicano, señalándonos el camino para superar el subdesarrollo, y surgió, por último, en la víspera de la segunda Guerra Mundial, provocada por la insanía hitlerista, que ocasionó 50 millones de muertos y que constituyó el desafío más grande que se le planteó a la humanidad en el siglo XX.EL JOVEN LOMBARDO.La figura máxima de la confederación obrera fue el brillante intelectual Vicente Lombardo Toledano, el dirigente mejor sincronizado entonces, entre muchos otros, con la causa de los trabajadores y las exigencias de la época.2Una revisión rápida de la fructífera vida de Lombardo Toledano muestra que, antes de participar en la fundación de la CTAL, tras sus estudios universitarios, estuvo dedicado, con asiduidad, al periodismo de ideas y a la enseñanza, siendo además fundador y director de múltiples escuelas públicas de educación superior, y que, sin transición, pasó a la preocupación manifiesta por la organización gremial, culminando con la dirección histórica de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), muy distinta de la actual. La modalidad de aquellos largos y ordenados discursos de Lombardo, profundamente pedagógicos, que tanta admiración nos causaron ayer, se fue engendrando en el tiempo de sus preocupaciones educativas.En aquel período inicial se fue formando también su conocimiento del marxismo, desde las primeras lecturas, limitadas por las escasas publicaciones en México, hasta llegar a ser después un avezado teórico, culto, perspicaz y creativo. Con este proceso formativo entendió fácilmente que la CTAL tenía que agrupar en América Latina a trabajadores asalariados, más allá de los obreros industriales, en una región con escaso desarrollo económico.La vida pública de Lombardo Toledano, de la que se ocuparán otros compañeros en esta conmemoración, es muy difícil de resumir por la riqueza de su actividad. Durante la existencia de la CTAL, a pesar de la entrega de Lombardo a la organización, éste también estuvo ocupándose de la trayectoria política de su patria mexicana. Su experiencia acumulada en el período del general Cárdenas le hizo concebir, en su oportunidad, la posibilidad del rencauzamiento de la Revolución Mexicana, confiado en que ella podría servir de antecedente necesario y precursor de la revolución socialista, su ideal más alto.Formó un partido, fue diputado y candidato presidencial en 1952. Todavía en 1961, siete años antes de su muerte en 1968, vigente aun la CTAL, pronunció un discurso de solidaridad con la Cuba Revolucionaria, afirmando que “defender a Cuba es defender a México y a América Latina”.Pero el tema que me han asignado en esta conmemoración versa sobre la CTAL, ayer y hoy, así como el relato de la labor desempeñada por Lombardo Toledano en dicha confederación, a lo que me avoco enseguida.
BIOGRAFÍA MÍNIMA DE LA CTAL
Es muy difícil hacer un distingo entre la obra de la CTAL y la obra de Lombardo Toledano. Pero, de todos modos, se pueden abonar datos por separado a la CTAL, sobrentendiendo la participación de Lombardo y de los otros fundadores. La CTAL se fundó el 8 de septiembre de 1938, en la Ciudad de México, mediante una convocatoria de la Central de Trabajadores de México (CTM), a las agrupaciones sindicales latinoamericanas. En el evento estuvieron representados 13 países, de los cuales sólo en 4 de ellos había centrales nacionales unitarias: México, Colombia. Chile y Argentina. Esto quiere decir que el esfuerzo organizativo de la CTAL durante los primeros años de su existencia fue muy grande y productivo. Con el tiempo, según registro de don Antonio García Moreno, bajo la guía de la CTAL se organizaron 18 centrales sindicales nacionales, constituyendo juntas las centrales de cada país una colosal fuerza de vanguardia laboral, dispuesta a luchar por la concientización antifascista y por sus reivindicaciones propias.El esfuerzo organizativo lo fue apuntalando Lombardo Toledano con sus recorridos de siembra por todas nuestras naciones latinoamericanas. Todavía recuerdo sus palabras cuando habló en Panamá, en 1942 en el Teatro Variedades, presentado por mi padre Domingo. Allá dejó instalado un Comité Panameño de Organización Sindical, que asesoró la formación de la Federación de Trabajadores, y que, más tarde, ayudó, en 1946, a la elaboración de un código de trabajo.La CTAL se fue desarrollando en el ámbito continental hasta llegar a ser una fuerza organizada considerable en virtud de sus planteamientos y de su amplitud. Inclusive sobrepasó su espacio geográfico y en octubre de 1945, año de la terminación de la segunda gran conflagración, participó en la fundación de la Federación Sindical Mundial, en París, Francia. Dada su importancia, le fue concedida a la CTAL en el congreso constitutivo, una de las vicepresidencias de la organización universal, en la figura de Lombardo Toledano. El ideario de la CTAL no ofrece dudas. Luchaba contra el nazifascismo,
pero desde una América Latina que aspiraba a superar la manumisión a que
estaba sometida. Los líderes políticos de las fuerzas aliadas en el conflicto
mundial habían prometido, al triunfo, un mundo de posguerra en que no hubiera
colonialismos. En concordancia con esta promesa, desde antes, la CTAL,
pensando en nuestro continente, había adoptado corno lema luchar “por la
emancipación de América Latina”. Y, en su Declaración de Principios de 1938, precisó el alcance de lo que entendía por esta emancipación, afirmando que la finalidad consistía “en obtener la plena independencia política y económica de las naciones latinoamericanas.A la terminación de la Segunda Guerra Mundial en 1945, se instituyó la Organización de las Naciones Unidas en San Francisco, California. Pero antes había fallecido el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, siendo sustituido por Harry S. Truman. El número de miembros de la ONU, comparado con el de la vieja Liga de las Naciones, mostró que en el mundo había aumentado sustancialmente la cantidad de naciones independientes políticamente. Pero pronto empezó la “guerra fría” entre los aliados victoriosos de la víspera. Un discurso de Winston Churchill, en Fulton, Arizona, dio el aviso de que se había iniciado la hostilización de hacer la guerra en la paz.Las consecuencias de la “guerra fría” fueron múltiples. En el campo obrero, el imperialismo concentró sus baterías contra la Federación Sindical Mundial y contra la Confederación de Trabajadores de América Latina. Presionó a las organizaciones obreras norteamericanas y británicas para que se salieran de la FSM y, en el plano latinoamericano, creó organizaciones paralelas a la CTAL e igualmente dividió a las centrales nacionales de nuestros países.De comienzos de “la guerra fría” a 1963 se dio una nueva situación. En ella
se trató de compensar algo el fraccionalismo que estaba ocurriendo planteando a
las agrupaciones que surgían la unidad de acción en objetivos básicos. En este
año de 1963 Lombardo concluyó sus actividades como militante del movimiento sindical, aunque continuó dedicándose de lleno a la actividad política. Del mismo modo que en su momento Carlos Marx declaró disuelta la Primera Internacional, por las circunstancias políticas cambiantes, Lombardo Toledano declaró concluida “la misión histórica de la CTAL”, comprendiendo la necesidad de readecuaciones para abordar el nuevo período. En el mensaje oficial explicó las dificultades que aun habría que afrontar, diciendo:“Hemos de librar muchas batallas todavía para alcanzar la plena independencia de nuestras naciones, única garantía de un ascenso ininterrumpido para beneficio de sus pueblos”.Y, al final, antes de subrayar en una frase el término de la organización, dejó una precisión esperanzadora al expresar:“Nuestros pueblos han entrado ya colectivamente en una nueva revolución, que la Revolución Cubana ilumina, y que tiene como finalidad destruir lo que debe desaparecer y edificar una América nueva, que deje de ser la asociación de una metrópoli y veinte colonias y se convierta en una alianza de repúblicas soberanas e independientes, habitadas por pueblos que tengan acceso verdadero y fácil a los beneficios de la civilización y la cultura”. Las palabras de Lombardo Toledano, al dar por concluida la misión histórica de la CTAL, tocan el asunto cardinal de las batallas que todavía deben librar los pueblos de América Latina y consagran la esperanza de una Patria Grande. Constituyen el mensaje que cierra con coherencia lo que se expresó al comienzo, en la Declaración de Principios de 1938, proclamando, ante todo, la tarea de la independencia política y económica de América Latina. Por otro lado, es indudable que los objetivos que hoy persiguen nuestros movimientos populares, a los 70 años de la fundación de la CTAL, están conectados y son la continuación de los objetivos de ayer de dicha organización.La diferencia con el contexto actual no sólo son los grandes cambios políticos habidos sino las novedades en las formas de la producción, el despertar de nuevos sujetos sociales al lado de la clase obrera y la incertidumbre que nos provoca la gran crisis económica mundial del capitalismo que se está avecinando.
LA CTAL EN EL MUNDO NEOLIBERAL
No es necesario ahondar en todo lo ocurrido en el mundo y en América Latina desde la terminación de la CTAL para hacer el cotejo entre aquel ayer y el hoy del neoliberalismo en nuestra región. Cabe apuntar que en el ínterin entre los dos períodos desapareció la Unión Soviética como contrapeso al poder imperial y que la última revolución científico - técnica alteró la forma de producir.Insistimos en que la CTAL tiene qué hacer hoy en América Latina porque constituye un antecedente histórico de la lucha en que estamos empeñados por la independencia política y económica de la Patria Grande y por el anhelo de una democracia que se enfoque, como su principal encargo, al mejoramiento de las condiciones de vida del pueblo. Pero lo distintivo del momento es que las fuerzas sociales que participan para el logro de este fin se han multiplicado y ampliado, al tiempo que el movimiento sindical se ha debilitado.Lo acontecido tiene que ver con las transformaciones en la organización del trabajo que aparejó la última revolución científico - técnica, la cual procura producir con una tecnología descentralizadora de los sistemas fabriles que utilice menos mano de obra y con la ofensiva neoliberal de ampliar e intensificar la explotación en el mundo para contrarrestar la tendencia decreciente de la tasa de ganancia que se estaba presentando.En suma, el neoliberalismo se asentó en América Latina, entre otros aspectos, bajo la precarización del trabajo, en la antípoda del “estado de bienestar” que alguna vez postuló el capitalismo. La precarización del trabajo en el régimen neoliberal es indudable y aparece evidente en el planeamiento de la desregularización del mercado laboral, o sea, la eliminación de todas las disposiciones legales importantes que antes concedieron algunos derechos a los trabajadores.Esta desregulación no deja de ser, por más que se niegue, una regulación conducida a facilitar a los empresarios el aumento en la jornada de trabajo; a intentar disminuir los salarios; a alcanzar el menoscabo en la indemnización por despido injustificado, y a dar paso a una flexibilización que no tome en cuenta el tiempo de servicio y que opte por el empleo temporal en vez del empleo estable.La embestida neoliberal, en la versión estadounidense, no sólo se ha ensañado contra los trabajadores de la región, sino que, en su política, ha afectado negativamente a diversas capas de nuestra sociedad. Por ejemplo, su modelo asimétrico de libre comercio y el subsidio cuantioso a su agricultura de exportación hacen imposible que podamos competir en este renglón.La nueva agresión económica, con sus resultados de incremento de la pobreza en los pueblos latinoamericanos, ha traído múltiples protestas de rebeldía. No sólo son los rechazos de diversos gobiernos progresistas a los falsos enfoques sobre el desarrollo. La acometida del neoliberalismo ha provocado en América Latina, además de afectar los intereses de los trabajadores, la respuesta enérgica de los nuevos sujetos sociales que han surgido.La beligerancia de muchos de ellos revela que en este instante no es sólo la clase obrera el elemento histórico por excelencia de la transformación de la sociedad.Aunque haya disminuido la tasa de afiliación sindical, la postura de brega de los trabajadores siempre será importante numéricamente y, sobre todo, su importancia radica en ser el factor clave en la producción, amenazados hoy con perder las conquistas que habían obtenido. Pero en el esfuerzo por crear democracias participativas en Nuestra América habremos de tomar igualmente en cuenta el reforzamiento que significa la participación de nuevas fuerzas emergentes.
La observación anterior nos impone señalar que, como lo vienen haciendo, las agrupaciones no sólo se deben formar en torno a los objetivos específicos de cada una, sino que también es su deber luchar unidas en bloques más amplios, por finalidades comunes, de acuerdo con las circunstancias de cada país.
El momento que está viviendo el mundo es sumamente complicado e impredecible de modo rotundo. Tenemos en puerta una grave crisis del capitalismo, cuya dimensión aún no se conoce a ciencia cierta. El mundo unipolar comandado por Estados Unidos toca a su fin en virtud del asombroso ritmo de crecimiento de futuras potencias. Y, en lo que se refiere a América Latina, los países que la componen aun no han perfeccionado la alternativa a seguir dadas las vicisitudes del neoliberalismo que anuncian su retiro de la escena política.
A pesar de los márgenes de incertidumbre, los latinoamericanos conscientes debernos empeñamos actualmente en continuar con denuedo el mismo objetivo emancipatorio que abrazó la CTAL, y en seguir su espíritu indiviso, no ya sólo con la unidad de una clase obrera alejada del falso sindicalismo subvencionado, en lo nacional, y en lo regional, sino preocupamos también por la unidad de los nuevos movimientos sociales y por la coordinación entre lo político y lo social.
Nosotros no deseamos que ocurran los peores presagios sobre la crisis económica mundial que se asoma. Pero aun así, si esto llegara a pasar, sin caer en un optimismo ingenuo, esperamos que de las cenizas de las llamas que quemarán a nuevos millones más de seres hambrientos y sufrientes, nacerá un vigoroso sistema que tenga una concepción del mundo equitativa y humanitaria.México, 8 de septiembre de 2008.