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MÉXICO 2008: AGUDIZACIÓN DE LA LUCHA DE CLASES; ASCENSO EN LAS LUCHAS POPULARES
• Cuauhtémoc Amezcua Dromundo
2008 será un año en el que se agudice aun más la lucha de clases en México. La dominante, que como en cualquier país capitalista dependiente es una burguesía subordinada a la que detenta el capital financiero y corporativo hegemónico en el mundo -integrada por los imperialistas, sobre todo yanquis y europeos- cierra el año e inicia el nuevo facilitando a sus amos una expoliación más intensa de los trabajadores y un saqueo cada vez mayor, del país. La clase trabajadora, por su parte, cierra el año habiendo recogido experiencias de lucha valiosas, las que le permitirán elevar su combatividad, avanzar en su articulación y cobrar cada vez mayor conciencia sobre la verdadera identidad de su enemigo fundamental, su naturaleza y las vías para derrotarlo. Estos hechos fundamentan el pronóstico: 2008 será también un año en el que las luchas de la clase obrera y el pueblo alcancen niveles superiores a los logrados hasta hoy; se pongan a tono, de esta manera, con las que se dan en otros países hermanos, como Bolivia, Ecuador y Venezuela, por ejemplo -todas ellas por causas semejantes- y tomen el rumbo hacia la victoria definitiva. México, con tanta experiencia y tan vigorosa tradición de lucha revolucionaria de siglos, su pueblo, no puede ser la excepción en una América Latina que avanza a paso de vencedores. No podemos olvidarlo: ésta es la tierra de Hidalgo y Morelos, de Juárez, de Villa y Zapata, de Lázaro Cárdenas y Vicente Lombardo Toledano, todos ellos frutos y a la vez exponentes, de la firmeza y capacidad de combate de nuestro pueblo, que es, a fin de cuentas, el actor principal de toda transformación revolucionaria.
Por parte del imperialismo y la burguesía subordinada, mayor saqueo, mayor expoliación.
Los imperialistas aumentan su rapiña, cada vez más: así es su naturaleza. En nuestro país, a partir de 1982 derrotaron a la coalición social y política que les ofrecía alguna resistencia, que de vez en vez nacionalizaba alguna gran empresa de capital extranjero, rescatándola para el patrimonio nacional, como la minería y el petróleo, la industria eléctrica, las comunicaciones telefónicas y satelitales y la banca; que ofrecía pleno respeto a la Revolución Cubana, y frecuente apoyo solidario; que recibía en México con los brazos abiertos a los luchadores democráticos y revolucionarios de los países hermanos, perseguidos por las dictaduras, y les permitía reorganizarse para sus luchas liberadoras. La burguesía nacionalista fue desplazada del poder y, con ese mismo hecho, fue destruida como fuerza política significativa. Todo esto sucedió en el marco de la irrupción de la globalización neoliberal en el mundo. Aquí tomó las riendas entonces una burguesía proimperialista, subordinada, servil al capital financiero y corporativo internacional y, de rodillas frente a éste, puso en marcha las políticas públicas y las medidas concretas que ese núcleo duro del imperialismo exigió.
Esas políticas públicas y esas acciones concretas son las que han ido despojando a los mexicanos de su patrimonio nacional, que con grandes esfuerzos y luchas abnegadas venían construyendo a lo largo de décadas. Las administraciones de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo y Vicente Fox, apátridas todos; cada uno de ellos fiel continuador y profundizador de la obra del que le antecedió, fueron entregando nuestros recursos naturales y principales industrias al capital privado, sobre todo el transnacional. Y fueron despojando asimismo a los trabajadores de su salario, reduciéndolo a niveles miserables, cancelando sus prestaciones y sumiéndolo cada vez más en la iniquidad. Felipe Calderón pertenece a la misma estirpe ideológica y política de todos ellos; por eso es que sigue el mismo camino sin virar un ápice.
Las industrias petrolera y eléctrica en mayor peligro que nunca.
El actual gobierno, el quinto de la era neoliberal y entreguista a ultranza, va sobre las industrias petrolera y eléctrica, tratando de superar de esa manera a sus antecesores. Quiere mostrarse a los ojos de sus amos imperialistas más eficaz que los anteriores; cumplir las órdenes de los patrones, que los demás no pudieron; todos se esforzaron por servir al imperialismo, es cierto; pero la fuerza del pueblo movilizado no les permitió ir más lejos.
Para tal fin, la administración de Calderón ha hecho convenios con la Exxon Mobil, la Royal Shell Dutch, Petrobras, British Petroleum y Chevron Texaco, de tipo gangsteril y clandestino, vergonzantes, de esos cuyo contenido no se atreven a hacerlo del conocimiento público. Y mantiene conversaciones con Repsol. De este modo adelanta en el sendero de la privatización furtiva, que se ha venido dando en los años recientes. Pero Calderón ya avanza, al mismo tiempo, en los amarres entre los grupos parlamentarios del PAN, el PRI y la corriente llamada Nueva Izquierda, mayoritaria en el PRD -además de los diputados y senadores de los partidos pequeñitos, todos ellos también oportunistas, quizá sin excepción- para lograr que las cámaras de diputados y senadores aprueben reformas, si no constitucionales, sí en el nivel de las leyes reglamentarias, para legalizar esa privatización, con la que pretenden coronar un cuarto de siglo de profundos retrocesos en la vida de nuestro país. En todos estos procesos, Calderón y sus compañeros no dan la cara, prefieren moverse en la oscuridad, como todos los delincuentes. Por todo ello, ahora, al cerrar el año 2007, el peligro es mayor que nunca.
El capítulo agropecuario del TLCAN entra en vigor con toda su fuerza destructiva.
El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, así llamado en una muestra del más cínico sentido del humor -como si un instrumento como éste, que ata a la nación y al pueblo con pesadas cadenas, tuviera algo que ver con la libertad, así sea la de comercio- arrebató a México independencia y soberanía, y supeditó su economía al interés de los capitales yanquis, superconcentrados. Asimismo, el TLCAN en su conjunto vino a ser un instrumento de destrucción del capital nacional; de desindustrialización, también nacional, y a significar desempleo mayor y pobreza creciente y para los trabajadores de nuestro país, todo lo cual está plenamente comprobado.
Además, una de sus partes en lo particular, su capítulo agropecuario ha sido el gran destructor del agro y el instrumento de regresión de nuestros campesinos a etapas que en mucho habían superado, como la del porfiriato, gracias a la Reforma Agraria y a otras medidas que los propios campesinos conquistaron con su sangre en la Revolución Mexicana de 1910-17. Ahora, a partir del 1 de enero próximo, lo pactado en ese capítulo entrará en vigor ya en su totalidad, sin paliativo alguno, una vez que venzan los todos plazos de protección relativa. El golpe será brutal y los daños monstruosos. Nuestros campesinos serán lastimados más que nunca, obligados a vivir de la mendicidad o a migrar, varios millones más, presas de la desesperación, hacia la potencia del norte, ésa que tanto persigue y humilla a nuestros connacionales.
El "gasolinazo" y los aumentos de precios en cascada.
A partir de enero asimismo entrará en vigor el llamado "gasolinazo", aumento sistemático y permanente al precio de la gasolina al menudeo en México, que fue aprobado por el Congreso de la Unión, con el beneplácito del gobierno de Calderón. Vendrá a ser un elemento de impulso extra a la tradicional "cuesta de enero" que año con año se da, como un incremento generalizado de precios que empieza en el primer mes de cada año y no concluye en el resto del mismo, sino que, una vez llegado diciembre, se encadena con el siguiente enero. Así, la clase trabajadora ya lo ve venir, los aumentos de los precios de todas las mercancías, incluidas las de primera necesidad, serán en cascada y golpearán sus ya mermadas, insuficientes e injustas condiciones de vida.
Aumento al salario, miserable y ridículo.
Frente al cuadro señalado, el aumento de 4% o dos pesos al salario mínimo, recientemente acordado, viene a ser una broma macabra, demostrativa del humor negro que caracteriza a esta burguesía subordinada, apátrida, parasitaria y servil frente al imperialismo, burguesía que, como diría Lombardo, no puede ni debe seguir gobernado a México, por lo que urge echarla para siempre. La movilización popular podrá lograrlo.
La reforma laboral antiobrera, posible albazo.
Ha sido otra de las exigencias del imperialismo. La han demandado el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y la OCDE. La llaman la "reforma laboral". Se trata de modificar el artículo 123 de la Constitución y la Ley Federal del Trabajo, para cancelar los derechos y conquistas laborales de los trabajadores. Hace 25 años la exigen todas las fuerzas enemigas de la clase trabajadora. Hasta hoy no han podido imponerla, porque nuestra clase social, la clase trabajadora, lo ha impedido con sus luchas y acciones combativas.
Todo indica, sin embargo, que la clase social dominante, la burguesía subordinada al imperialismo, ha hecho los amarres necesarios entre las facciones de políticos profesionales que le sirven, formalmente agrupados, unos en el PRI, otros en el PAN, otros más en el PRD -entre otras corrientes, en Nueva Izquierda, en Foro Nuevo Sol, en Alternativa Democrática Nacional- y que intentarán aprobar esa reforma reaccionaria en los inicios del año. El peligro es inminente.
Por parte de la clase obrera y el pueblo, en 2008 más experiencia y una conciencia más clara sobre la naturaleza del enemigo y la esencia de la lucha.
En los últimos años han proliferado los estallidos de inconformidad popular: en Chiapas, en Atenco, en Michoacán, en Oaxaca, en Chihuahua, en Zacatecas, en Baja California, de hecho en todas partes del territorio nacional, y entre los más diversos sectores de la población, pues son muchos los golpeados y sacrificados por las políticas neoliberales que ha exigido el imperialismo y que la burguesía dominante, que está al servicio de aquél, ha venido imponiendo desde Miguel de la Madrid hasta Felipe Calderón.
Inicialmente fueron múltiples los estallidos de resistencia que surgieron, cada uno respondiendo a problemas particulares. Sin embargo, poco a poco unos y otros se han ido percatando de que todos sus problemas obedecen a las mismas causas profundas. Los problemas de los maestros de escuela no tienen solución por separado, como tampoco los que aquejan a los trabajadores electricistas, o a los mineros y metalúrgicos, a los campesinos ni a los indígenas de las más de cincuenta etnias mexicanas. No hay salida para lo que angustia a los jóvenes, sin perspectivas de trabajo y cuyos derechos a la educación, a la salud y al deporte se les escamotean, ni a las dificultades que sufren los ancianos, las mujeres, los varones, si no se ataca la raíz de todos estos conflictos, el problema esencial: la intervención y el saqueo de que nos hace objeto, cada vez más, el imperialismo, es decir, el capital financiero y corporativo internacional.
En los últimos años y meses, junto con una mayor experiencia acumulada, se registran importantes avances en este aspecto de calidad. Diversos referentes de la lucha popular van llegando a la conclusión correcta de que es necesario combatir no ya únicamente a los enemigos particulares de uno u otro sector, de una u otra zona o región, sino a la clase social dominante en su conjunto -la burguesía subordinada- y todavía más, a la fuerza externa que sostiene a esta burguesía, sin cuyo soporte, ésta nada sería: el imperialismo, al que ésta sirve y que es el fundamental y verdadero enemigo común de la clase obrera y de todos los sectores populares de la población en el caso de cualquier país capitalista dependiente, como el nuestro, y en general los de América Latina y el Caribe.
Una conciencia más clara entraña la convicción sobre la necesidad de un alto nivel de articulación entre todos.
Lo uno va llevando a lo otro: en la medida en que los distintos movimientos populares se han ido percatando de esta realidad, junto con el nivel superior de conciencia que adquieren, junto con el descubrimiento de que el enemigo ocupa distintos niveles, desde el que está enfrente de cada quien -el cacique, el líder sindical "charro", el patrón sinvergüenza y explotador, el gobernante espurio y repudiado- hasta la clase social dominante -la burguesía subordinada- y, arriba de ésta, el imperialismo; y en la medida en que se han percatado asimismo de que nada se resuelve si se derrota sólo al enemigo más cercano, en tanto no se aplaste al que está atrás y por encima de todos, al que en última instancia todos deben su existencia, en esa misma medida van dándose cuenta asimismo de que es indispensable articular las luchas de unos con las de los otros sectores, porque siendo el enemigo fundamental uno común, no existe razón para combatirlo de manera aislada; así nadie podría vencerlo ni, por tanto, resolver nada, ni sus problemas concretos ni los de orden general.
Un buen ejemplo de todo esto lo constituye, en el nivel de las luchas estatales y regionales, el Frente Social por la Soberanía Popular, surgido en el estado de Zacatecas, apenas en noviembre pasado, y que ha logrado el más amplio nivel de articulación, sustentado en la libre, democrática y profunda discusión entre todos los sindicatos de trabajadores, partidos de la izquierda revolucionaria, socialista y comunista, movimientos de resistencia y otros, diversos, que allí venían actuando. Han superado todos los obstáculos que opone el sectarismo, tendencia que, de manera lamentable, todavía predomina en muchos lugares del país y entre diversos sectores en lucha, véase por ejemplo el caso del EZLN. Los documentos que ha formulado este frente son claros y justos en sus concepciones, lo que es fundamental en una etapa en la que la lucha de ideas juega un rol del más alto nivel como arma de combate.
No todo en los movimientos populares camina al mismo ritmo, es natural; tampoco todo, entre las distintas fuerzas, corrientes y agrupaciones en lucha. Algunas que habían logrado enormes movilizaciones de masas, muy promisorias por la fuerza numérica y espíritu de lucha que alcanzaron, como es el caso de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, APPO, que hoy está estancada, ocasionado esto en parte por la represión, que ha sido brutal, y también por la fatiga; pero viendo las cosas desde el ángulo de la indispensable autocrítica revolucionaria, también en buena medida por haber permitido que, en su seno, germinaran el oportunismo y el sectarismo entre algunos de sus componentes, hoy en franca disputa por intereses deleznables, hay que reconocerlo; y por no haber avanzado más en los aspectos superiores antes mencionados, como el de identificar colectivamente a los enemigos más altos, fundamentales, los que están detrás de los Ulises Ruiz y demás sátrapas de semejante ralea. Sin embargo, el movimiento popular de Oaxaca es evidente que acumuló valiosas experiencias, y que en su seno actúan fuerzas con la capacidad suficiente como para reencauzar la lucha y llevarla a planos más altos, hasta la victoria.
En el nivel nacional, apenas el 19 de este mismo mes de diciembre se celebró una promisoria Reunión de Coordinación de Referentes, en la que participaron representantes de los más importantes actores de la lucha de los trabajadores y el pueblo contra el neoliberalismo y el imperialismo. Allí se examinó colectivamente el panorama actual de la lucha de clase en México; se observaron los peligros que se ciernen para los inicios del año próximo; se valoró la correlación de fuerzas y se consideraron las acciones necesarias para enfrentar al enemigo de la mejor manera. En lo general, la mayoría de los referentes jerarquizan ya de manera adecuada a los enemigos e identifican al fundamental, por lo que también toman claridad con respecto a qué tipo de lucha debe darse para derrotarlo. De igual manera, avanza la convicción sobre la necesidad de desarrollar un nivel importante de articulación orgánica.
El panorama, por todo lo señalado, es positivo. El año próximo, desde sus inicios, habrán de darse grandes movilizaciones. 2008 habrá de ser el año de un avance importante en las luchas de la clase obrera y el pueblo, podemos considerarlo así. El momento de la emancipación está cada día más cerca.
Ciudad de México, 27 de diciembre de 2007.
http://www.ppsm.org.mx/opinion/cad_2008.html |
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