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2008: 60 AÑOS DEL PARTIDO DE LA CLASE TRABAJADORA DE MÉXICO (I)

Por Cuauhtémoc Amezcua Dromundo.
Primer Secretario del Partido Popular Socialista de México.

1. CUÁNDO, PARA QUÉ Y CÓMO NACIÓ EL PARTIDO POPULAR SOCIALISTA DE MÉXICO

Nuestro partido, el Partido Popular-Partido Popular Socialista-Partido Popular Socialista de México, nació el 20 de junio de 1948. Surgió para liberar a nuestro país del imperialismo, sobre todo el yanqui: ese fue su objetivo inicial y nunca lo ha abandonado: hoy mismo lo sigue enarbolando con firmeza. Sin embargo, pocos años después, al madurar las condiciones, agregó al objetivo ya señalado, otro superior: el de sustituir al régimen capitalista por el sistema socialista en nuestro país: éste es desde entonces el objetivo histórico de nuestro partido.

Surgió del movimiento obrero y de las entrañas del pueblo. En su inicio, el Partido Popular fue un frente amplio antimperialista que integró a elementos con distintas concepciones respecto del universo y la vida en su seno. Esta composición no fue casual, sino el fruto del análisis marxista de la realidad, misma base sobre la cual se concibieron también el objetivo antimperialista del partido, su programa y su línea estratégica y táctica.

El autor de la concepción sobre el partido de nuevo tipo que era necesario en México en las condiciones de la época, fue el pensador marxista y dirigente obrero Vicente Lombardo Toledano. Sometió sus ideas sobre el tema a una amplia consulta en el seno de las principales organizaciones de los trabajadores y del pueblo, y también a un debate en que participaron los marxistas mexicanos más representativos de entonces. El debate se dio en una reunión de mesa redonda que se realizó del 20 al 26 de enero de 1947, con la participación de reconocidas figuras del ámbito intelectual y dirigentes políticos que tenían entre ellos discrepancias múltiples, pues la falta de unidad en la izquierda existe de años atrás. No obstante, es de resaltar que en este caso predominaron los consensos, que se dieron en todo lo substancial. El contexto internacional y el nacional formaron parte destacada de dicho debate, como era natural, tratándose de un análisis marxista.

2. CONTEXTO INTERNACIONAL

Los principales rasgos del contexto internacional eran éstos: Había transcurrido poco tiempo del fin de la Segunda Guerra Mundial. El fascismo –representado por Alemania, Italia y Japón-, que entrañó una amenaza muy grave para la clase trabajadora y sus aspiraciones, y para toda la humanidad, había sido derrotado. La Unión Soviética surgía victoriosa como la fuerza fundamental de esa victoria; nadie se atrevía a regatearle su enorme contribución.

Además, gracias a la lucha heroica de los movimientos populares de resistencia contra el fascismo y a la oportuna y decidida acción libertadora del Ejército Rojo, había surgido en Europa un conjunto de naciones que dejaban atrás el sistema capitalista y tomaban el rumbo del socialismo; países a los que se denominó democracias populares, por las características de su régimen social de transición, muy influidos por el proyecto y por la experiencia soviética, y que contaron con la ayuda solidaria de este gran país para su reconstrucción y ulterior desenvolvimiento. En esa nueva situación, la URSS al fin dejaba de estar sola, enfrentada a un mundo del capitalismo; aparecía el campo socialista internacional, en proceso ascendente de desarrollo económico, social y cultural, por lo que era cada vez más poderoso.

Los hechos señalados daban un giro a la correlación de fuerzas en el escenario del mundo, a favor de los intereses de la clase trabajadora y los pueblos. En este marco, se crearon las condiciones para la victoria de la revolución en China –en 1949- dirigida por Mao Tse-tung, que dio inicio a la construcción del socialismo en el país más poblado de la Tierra, y se abrieron enormes perspectivas para la liberación de las colonias de Asia y África, respecto de las potencias europeas. El viejo orden imperial que venía de siglos atrás, pronto se desplomaría hasta su virtual desaparición.

Tan importantes avances, sin embargo, tenían su contrapartida en otra región del mundo: nuestro continente. ¿Las causas? Estados Unidos no sufrió enormes daños con la guerra, como le sucedió sobre todo a la Unión Soviética e inclusive a las potencias capitalistas de Europa, que tuvieron altos costos materiales y en vidas. Estados Unidos no enfrentó esos problemas porque su territorio estuvo distante geográficamente de los epicentros de los principales hechos bélicos. El capital financiero de ese país –siempre al acecho- aprovechó esa ventaja para obtener cuantiosos beneficios como producto del lucro con la guerra, lo que le permitió pasar, de país deudor de las potencias de Europa, a acreedor de ellas. Fue la época en que surgió el entramado de mandos militares con capitalistas privados, negociantes de la producción y venta de armamento, al que más tarde se denominaría complejo militar-industrial y que siempre fue muy agresivo y buscó  mantener al mundo al borde de la confrontación. Este entramado pugnó por una nueva guerra mundial, la tercera, y exigió que estallara inmediatamente. Por su lado, el capital financiero mundial en su conjunto, al terminar la Segunda Guerra, retomó con fuerza la bandera de la lucha contra el comunismo, su enemigo mortal, al que quería borrar de la faz de la Tierra para siempre, por lo que también presionaba a los gobiernos a su servicio a lanzar la guerra contra la Unión Soviética y las Democracias Populares.

Esta política de la Guerra Fría, de la que su principal exponente fue Estados Unidos, tuvo un significado muy negativo y amenazante para México y América Latina toda, dada la cercanía geográfica de nuestra región con esta potencia.

3. MÉXICO Y AMÉRICA LATINA, BAJO FEROZ EMBESTIDA IMPERIALISTA

En efecto, Estados Unidos lanzó todo su poderío propagandístico y económico sobre nuestra región para consolidar su dominio sobre ella. Al hacerlo, perseguía varios objetivos: por cuanto a su estrategia de guerra, quería asegurar su control militar de todo el subcontinente. Por cuanto a sus ambiciones económicas, quería fortalecer sus fuentes de recursos a través del incremento de la sobreexplotación de nuestros mercados, riquezas naturales y fuerza de trabajo. Y por último, en una perspectiva histórica y política, intentaba satisfacer su vieja ambición de siglos atrás: tomar a América Latina como su propiedad particular o su patio trasero.

Así, en contraste con el panorama promisorio que se abría a los pueblos de otras regiones del mundo, para América Latina se avizoraba una perspectiva adversa: a esta región no se le abrían horizontes para avanzar, sino que nos amenazaba un grave retroceso; podría irse atrás nuestra subsistencia como países soberanos e independientes, junto con otras conquistas de nuestros pueblos, logradas tras sacrificadas luchas, a menos que se tomaran las medidas para evitarlo.

4. NECESIDAD URGENTE DE RETOMAR LA LUCHA ANTIMPERIALISTA

Había que retomar la lucha por nuestra liberación respecto del imperialismo, que nuestros pueblos han librado secularmente; era perentorio reactivarla con mayor energía que en otros momentos del pasado y con mayor eficacia. El programa de lucha de la clase obrera y el pueblo debería tener ese objetivo central, ahora más que nunca: la lucha emancipadora, al lado de otras demandas populares justas, como la de elevar el nivel de vida de las masas y la de ampliar el régimen democrático. Y dado que no existía en México ninguna organización capaz de encabezar una lucha así, era indispensable forjarla, con el perfil que se examinó en la Mesa Redonda de los Marxistas Mexicanos.

Lombardo desarrolló los elementos de juicio ya señalados en su trabajo titulado Objetivos y táctica del proletariado y del sector revolucionario de México en la actual etapa de la evolución histórica del país, que fue el documento base de las discusiones en esa reunión, de enero de 1947.

 
 
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